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Towla 24

Vendedores ambulantes: partedel día a día de nuestra comunidad

abril 30, 2021

En la previa del 1° de Mayo, La Opinión Austral salió a conocer a algunas de las personas que dedican sus días a desarrollar un oficio caminando las calles de Río Gallegos.

El día ya estaba nublado y no tardaron mucho en aparecer las primeras gotas de una tarde lluviosa, sin confiscación, Nancy y Marisa estaban firmes en su puesto de flores instaladas en la trocha del cementerio. “Lo que aprendí en todo este tiempo es que hay que trabajar aunque sea bajo la diluvio, porque, más allá del clima, siempre hay que estar”, sentenció Marisa.

Rodeada entre tachos cargados de muchos colores, debajo de su sombrilla colocada sobre una mesa con molinetes de papel que giraban constantemente por el derrota, la comerciante relató que el puesto lo empezó su mamá hace ya 43 primaveras y ella, por aquel entonces, ya la acompañaba en la quehacer. “Posteriormente ella se enfermó y empecé a atenderlo de modo independiente hace unos 25 primaveras”, agregó la florista.

Todo comenzó a raíz de un plan de la escuela: había que hacer flores de papel, salieron acertadamente y la religiosa comenzó a venderlas allí en la trocha de la avenida Béccar, luego ya comenzó a incorporar longevo variedad. “Es poco acertadamente sencillo”, señaló Marisa.

 

 Héctor con una de sus clientas, y Nancy, una de las vendedoras del puesto de flores. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRALHéctor con una de sus clientas, y Nancy, una de las vendedoras del puesto de flores. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL

“El puesto influyó congruo en mi vida”, concluyó la vendedora. Ella comenzó cuando sus 7 chicos eran chiquitos y ahora ya están grandes. “Cada uno de ellos morapio a ayudarme acá, a trabajar conmigo. Quedaban a cargo del puesto y hasta el día de hoy viene uno, viene el otro y así”, explicó.

Por otra parte, la mujer de las flores agregó: “Hubo momentos en el que solamente teníamos esto como sostén de la tribu. Correctamente o mal, esto era lo único que teníamos”. Entre tanto, afirmó: “Yo sigo acá porque esto es lo mío, es mi trabajo y uno se acostumbra”.

Para finalizar, Marisa declaró: “Yo estoy acertadamente así como lo tengo, no lo cambiaría para falta. Todos me dicen que me haga una casilla pero no, no quiero. Por más que pase frío no hay falta que quiera cambiar”.

 

 Rodeada de flores. El puesto es su orgullo. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRALRodeada de flores. El puesto es su orgullo. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL

Por otro banda, en otro sector de la ciudad, por la cantón de las calles Ramón y Cajal y Cepeda, ya desde acullá se puede percibir el fragancia de las tortillas que hace Héctor Mansilla, en su parrilla negra.

Héctor muestra orgulloso su trabajo porque todo nació desde sus propias manos, con mucho esfuerzo y yendo poco a poco. “Hace dos primaveras empecé con esto”, dijo el hombre oriundo del Chaco, que llegó a la hacienda santacruceña allá por el año 1971.

“Yo hice el puestito de cero, lo construí yo mismo en pulvínulo a las medidas que me pedían las autoridades. Ahora estoy fabricando un carrito para que sea más ancho, para entregar comida. Lo estoy haciendo con mis propias manos todo, despacio, comprando de a poco”, relató Mansilla.

 

 Clientes no le faltan. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRALClientes no le faltan. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL

Él comenzó con esto porque antiguamente había sido panadero, era la experiencia que tenía, pero le faltaba un trabajo. “No tengo trabajo porque ya soy añejo y no me quieren”, lamentó el emprendedor. Es por eso que afirmó: “Pensé en hacer esto y gracias a Jehová me va muy acertadamente”. Ahora, según explicó, se está haciendo su compensación a través del monotributo.

 

Héctor es el sostén de su hogar. Él dice que con este trabajo le va muy acertadamente y que, aunque no gane un montón, tiene para tomar y para pagarle los medicamentos a su esposa que es diabética.

Lo mejor de todo es su relación con los clientes: “La familia es muy amable, me valoran mucho lo que yo hago. Soy querido por los vecinos y siempre me brindan su apoyo”. “Acá yo estoy en medio del derrota, en medio del agua”, remarcó don Héctor al cerrar la entrevista.

Otra persona que sale a las calles todos los días es Yamila Álvarez, un ama de casa que sueña “poder calar a tener una panadería y poder darle trabajo a mucha familia que necesite así como uno”, declaró.

Yamila sale muy temprano desde el B° Bicentenerio para tomarse el colectivo e ir a entregar el pan, las tortitas y los budines que elabora en su casa. “Yo salgo a entregar por el Belgrano, el Óleo, el 366, el 499, por toda esa zona. “Salgo muy temprano de mi casa y vuelvo muy tarde a mi casa, pero es un esfuerzo que uno hace día a día por la tribu”, relató la pollo.

 

 Héctor Mansilla. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRALHéctor Mansilla. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL

En cuando a la relación con sus clientes, detalló que “a veces es buena y a veces no tanto”. “Hay familia que se enoja cuando uno va constantemente a su puerta, así como asimismo hay familia que luego te contacta para hacer un encargo”.

Su plan empezó casi al mismo tiempo que la pandemia, prácticamente, “más que falta por una cuestión económica, por lo difícil que se puso la mano”, explicó la emprendedora. Y, para finalizar, Yamila remarcó: “Lo hice para crecer a nivel personal y para darle una mejor vida a mi hijo”.

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