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Towla 24

Vacuna AstraZeneca: El miedo es libre | Opinión

abril 8, 2021

Una enfermera prepara una dosis de la vacuna de Astrazeneca, en Dublín (Irlanda).CLODAGH KILCOYNE / Reuters

Gran afán había ayer, miércoles, por conocer las conclusiones de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) sobre la vacuna de AstraZeneca. Solo eso, con independencia del contenido del referencia, es en sí mismo una novedad. La mayoría de la población europea nunca había estado tan irresoluto de un organismo verificado al que todos ellos financian, pero del que pocos tenían la pequeño nota.

Nulo de esto es una invención de los medios. Es probable que el conferenciante conozca a personas de su círculo que están genuinamente preocupadas por si les toca AstraZeneca en punto de Pfizer o Moderna. Saben que la razón les dice que se la pinchen, pero incluso que el estómago las empuja en sentido contrario. Aceptablemente, pues la EMA ya se ha pronunciado sobre AstraZeneca. Es la casa de campo vez que lo hace.

La principal novedad respecto a los informes anteriores es que la EMA reconoce “posibles vínculos” entre esta vacuna y los infrecuentes trombos que se han detectado en la población inyectada con ella. No es que eso sea mucho sostener, pero bastará para que el prospecto de AstraZeneca incorpore los coágulos sanguíneos como “enseres secundarios muy raros”. Y son raros en verdad: un trombo por cada 100.000 vacunados, o un 0,001%, cuando la letalidad del virus ronda el 1%, o mil veces más.

Pero eso son argumentos para la razón, no para el estómago. Mucha multitud se quedará con lo de “posibles vínculos”, o incluso con “vínculos”, a secas, y no pasará de interpretar esa partidura. Es lo que ocurre con los carteles de cine, que ponen “irrepetible” donde el crítico había dicho “un aburrimiento irrepetible”. Vivimos en tiempos de mensajes cortos y doctrinas de poco seso y mucho decibelio. No es el entorno más permeable a la razón que cerca de imaginar, pero, en fin, es el material humano con el que contamos. Si se tráfico de dar un mensaje breve, nadie mejor que este: vacúnense.

Empezaremos a oír otra vez la murga de que los científicos cambian de opinión cada miércoles, lo que les hace poco fiables a los fanales de muchos ciudadanos. Pero los científicos no cambian de opinión, sino que reciben datos nuevos que deben interpretar y renovar de continuo. La EMA nunca ha recomendado suspender la inoculación con AstraZeneca y sigue sin hacerlo. Los que han cambiado de opinión son unos cuantos gobiernos europeos y comunidades autónomas españolas, como la de Castilla y Valeroso, que se inventó el otro día una nueva formulación ingeniosa del socorrido y mal llamado principio de precaución. ¿Positivamente cree el guía de Sanidad castellanoleonés que él es más inteligente que todo el talento verificado que representa la EMA? Esperemos que reinicie la inoculación con AstraZeneca ahora, ya que nunca debió suspenderla.

La cuestión de AstraZeneca se parece cada vez más a uno de esos experimentos mentales que nos proponen los filósofos morales y los psicólogos. Vas cuesta debajo con tu furgoneta, se te estropean los frenos y tus únicas dos opciones son atropellar a un crío o a 20 viejos que se acaban de descender del autobús del Imserso. Con solo un segundo para nominar, ¿qué haces? Aplícalo a la vacuna: ¿salvas a uno o a mil?

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