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Towla 24

un viaje a lo profundo de la literatura de Ricardo Piglia

mayo 2, 2021

Hasta poco antaño de fallecer, el escritor Ricardo Piglia se encargó de reunir, diagramar y reordenar toda su obra cuentística, más de 50 primaveras de ficciones breves que son parte de las “instrucciones para el futuro” que legó a sus colaboradores, interiormente de un personalísimo plan de publicaciones que se concreta ahora con el título de “Cuentos completos” y a lo derrochador de 800 páginas despliega el carta de las relaciones conjeturales entre vida y ficción que atravesaron su obra y sus días.

Escritor, crítico, profesor y sobre todo catedrático, Piglia (Adrogué, 1941-Buenos Aires, 2017) dice en la nota fechada en abril de 2016 que acompaña esta estampado de Logotipo que en varias de sus novelas ha incorporado relatos y que decidió incluirlos en este vademécum porque su idea del descripción ha ido cambiando con los primaveras. De esta guisa, relata que empezó escribiendo cuentos de 5000 palabras pero luego se encontró buscando formas en las que los procedimientos fueran más abiertos.

La concreción de este trabajo, que llevó delante pese a los mercancía de la estancamiento fronterizo amiotrófica (ELA) que le fue diagnosticada en 2014, tuvo dos aliadas: Beba Eguía, su mujer, que se ocupó de entregar los medios para respaldar la continuidad de su escritura través de Tobii -un hardware que permite escribir con la mirada- y Luisa Fernández, quien leyó con él, escuchó y transcribió los dictados de Piglia.

“La vida y la obra en el caso de Piglia vienen juntas. No sólo desde la enfermedad, sino desde aquella perplejidad en que se sentó a escribir un diario en medio de la mudanza. ‘Nos vamos pasado mañana’ se lee en el diario. Su obra es el registro de hasta dónde puede arribar un hombre siendo fiel a su estilo, a su deseo que es la humanidades. Una valentía que tomó a los 17 primaveras y que configuró su mundo, su modo de proceder y que reivindicó hasta el día de su homicidio: proceder para escribir, escribir para proceder”, cuenta Fernández desde México, país que dejó para instalarse en la Argentina a cursar una habilidad cuando conoció al autor de “Plata quemada”.

La idea de reunir los cuentos, dice Fernández, fue para Piglia “la posibilidad de tener un registro de las variaciones, pero igualmente de aquello que se repite como manía, o mejor como rostro” y reconoce estar “muy entusiasmada con esta estampado porque, leída con los otros trabajos de crítica, lo que encontramos es un modo de percibir, el registro de cómo un sujeto llega a ser un escritor y cómo va dejando núcleos narrativos que permiten al catedrático imaginar otras historias”.

Guillermo Schavelzon, que se define como su agente intelectual y su amigo, firma un texto al final del vademécum en el que acento de las “instrucciones para el futuro” que dejó el escritor acerca de qué obras dejaba terminadas y en qué orden debían ir publicándose: el tercer barriguita de “Los diarios de Emilio Renzi”, “Un día en la vida”; la estampado corregida y ampliada de sus conversaciones con Juan José Saer, “Por un relato futuro”; el barriguita de cuentos policiales “Los casos del comisario Croce”; y esta sumario.

“Piglia trabajó con total sagacidad hasta el zaguero día, expresándose con mucho esfuerzo y paciencia a través del Tobii, el software de escritura visual que Beba, su mujer, había podido conseguir en Pimiento, porque en Argentina no se vendía. Ricardo miraba fijo una composición, y esta aparecía en pantalla. Una palabra, un párrafo, era un esfuerzo pesado, pero él estaba sentado frente a la pantalla diez horas por día. Así iba haciendo correcciones e indicaciones a lo que su asistente, Luisa Fernandez (“su musa mexicana”, dice en los diarios) le iba leyendo”, repasa Schavelzon desde Barcelona.

El crítico, editor y poeta Guillermo Saavedra dice que su primer cita con el universo de Piglia fue al percibir su novelística “Respiración químico”. Primaveras más tarde recuerda un café auténtico que inauguró un vínculo de amistad. Considera que su obra “se caracteriza por acontecer desplegado una y otra vez ciertas preocupaciones básicas: ¿qué significa relatar? ¿qué tienen de diferentes la narración literaria y los actos narrativos que todos llevamos a extremo en la vida? ¿qué relación guardamano la humanidades con otras esferas de la civilización y de la vida política y social?”.

Lo que encontramos es un modo de percibir, el registro de cómo un sujeto llega a ser un escritor y cómo va dejando núcleos narrativos que permiten al catedrático imaginar otras historias”.

Luisa Fernández, asistente de Piglia en el trabajo recoplatorio.

“Piglia ha ido dando diferentes respuestas, tanto en sus ficciones como en sus no menos relevantes ensayos y entrevistas. Y lo más admirable es que esas respuestas han sido siempre provisorias, conjeturales, porque tenía plena conciencia de que derogar esos asuntos con respuestas definitivas habría sido equivalente a derogar la humanidades misma”, explica.

Para Saavedra, “el estilo -ese atributo distintivo y a la vez inasible de todo escritor que, en más de una ocasión, Piglia prefirió denominar ‘el tono’ o ‘la voz’- era una preocupación tangencial pero, al mismo tiempo, central de su trabajo intelectual” y afirma que “no es el mismo en sus novelas que en sus cuentos. En las novelas, el estilo es el resultado de múltiples operaciones, de cruces entre diversos registros y distintas voces, llegando a crear, en el caso de ‘La ciudad absorto’, una estructura en sima donde el ingenio ficcional atribuida a una ingenuidad ‘exógeno’ y la máquina novelística intrínseca a la novelística se confunden hasta el mareo”.

En cambio apunta que “en sus cuentos, el estilo surge de una bienes extrema en la forma de relatar, de una suerte de ética de la discreción que tiene como modelos a grandes maestros del categoría como Chéjov, Hemingway y Onetti. Es un permanente entrenamiento de la omisión, de la supresión, un trabajo sutil de ocultamiento de lo esencial que, paradójicamente, al sernos retaceado, acaba por sobresalir por su perfecta partida”, manifiesta.

“La ojeada de sus cuentos, recorridos por algunos de los grandes asuntos que caracterizan la obra de Roberto Arlt, que Piglia analizó como nadie -la delación, la traición, el acto de balde, la conspiración-, nos produce simultáneamente fascinación y perplejidad. Porque la causalidad última, la explicación de lo que se ha narrado, se resiste a hacerse visible. En este sentido, es igualmente heredero de las ejemplares reflexiones de Benjamin sobre el relato, incluidas en su célebre adiestramiento ‘El narrador’: hay relato, no para explicar un hecho, sino para exponer la inquietante evidencia de su inexplicabilidad”, analiza.

La vida y la obra en el caso de Piglia vienen juntas. No sólo desde la enfermedad, sino desde aquella perplejidad en que se sentó a escribir un diario en medio de la mudanza. ‘Nos vamos pasado mañana’ se lee en el diario. Su obra es el registro de hasta dónde puede arribar un hombre siendo fiel a su estilo, a su deseo que es la humanidades”.

Luisa Fernández.

La socióloga y ensayista María Pia López trabajó con el escritor en la preparación de las clases que dictó en la Televisión Pública, “Borges por Piglia” y “Escenas de la novelística argentina”, y destaca sus diarios como su gran obra porque es donde “buscaba en ese entrenamiento de la ficción la capacidad de tomar todos registros, todos los géneros y todas las inteligencias (la sensible, la de la crítica) para construir y inquirir poco del orden de la perfección cuentística. Él construye narraciones todo el tiempo, pequeñas narraciones, pequeñas piezas que va incrustando y ese es su estilo, el ir a inquirir todo y al mismo tiempo condensarlo en forma de narración”.

La ex directora del Museo del Texto y de la Lenguaje sostiene que en sus diarios construye poco que siempre la conmovió de su crítica que es “la capacidad de intervenir las hipótesis críticas relatando cuentos al interior de ellas” y ejemplifica: “Uno puede percibir ‘El zaguero catedrático’ y ver que es una colección de cuentos. Digo esto porque no se pueden clasificar los cuadernos o memorias pero son ficciones, ejercicios de la crítica y reflexiones políticas. Tienen una existencia de escritura difícil de situar porque están escritos en su momento pero igualmente están escritos en el momento en que están releídos y seleccionados y repensados por Ricardo en los últimos primaveras o sea que ese categoría inverosímil”.

“Diría que son una novelística construida con todos estos afluentes que nos obliga a pensar la singularidad del estatuto de la ficción en Ricardo”, expresa.

En esa semirrecta, Schavelzon asevera que “Piglia hacía ficción con sus ensayos, y ensayos en su ficción, lo que incluía lo que parecía ser autobiográfico” y señala que “todo el mundo dice que Emilio Renzi es su segundo nombre y su segundo patronímico, cuando no es así. Renzi es un homenaje y un registro a su ascendiente, cuya importancia destaca en el tomo uno de los Diarios”.

Para el histórico agente, “de la misma guisa, vencimiento treinta primaveras comentarios sobre la enfermedad, que obviamente corresponden a la última etapa de su vida. Yo diría, usando términos muy poco académicos, que esa es la hechicería de la obra de Ricardo Piglia”.

Esta estampado, que reúne desde “Los casos del comisario Croce” hasta las narraciones de “Prisión perpetua” y los textos de “Cuentos morales”, permite percibir a Ricardo Emilio Piglia Renzi desde su pasión por el arte de la relatar como una forma de invención que permite advertir la contingencia de la vida.

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