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Towla 24

Tatiana Toro: una científica que explica las matemáticas con imágenes

abril 27, 2021

Nació en 1964, pero se fue a la Universidad de Stanford, Estados Unidos, a seguir un doctorado en Matemáticas. En 2019 ganó el premio Marsha L. Landolt, de la Universidad de Washington.

Tatiana Toro no cree que ella vea el mundo particularmente desigual por ser matemática; pero al observar su forma de explicar las cosas, su campo de estudio y su vida, se puede intuir que tiene una mente curiosa. A veces, cuando ve huir un avión, les comenta a sus hijos que “esas son las ecuaciones del fluido funcionado”. Y para describir qué son las matemáticas fundamentales —el campo de acción de estudio que domina—, prefiere platicar de imágenes y distraer escenarios en vez de atacar con fórmulas y números. (Igualmente le puede interesar: “La tecnología se mueve tan rápido que la ética no puede ir a la par”)

En el 2019, Toro ganó el premio Marsha L. Landolt, de la Universidad de Washington, donde trabaja desde 1994. El examen, que obtuvo por su capacidad pedagógica e interés en enseñar un campo de acción a la que muchos le temen, asimismo la ubicó como una de las científicas colombianas más reconocidas y brillantes. Su colegio fue el Centro Francés, se graduó de la Universidad Franquista e, impulsada por tres profesores claves, decidió irse a la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, a hacer un doctorado en Matemáticas.

“Yo soy del final del baby esplendor, cuando la Segunda Refriega Mundial había terminado y la sociedad había vuelto a funcionar. Y, aunque no sé muy adecuadamente cómo, es una cosa que marca”, es lo que alega cuando se le pregunta cómo la definió el hecho de ser de la vivientes de los abriles 60. Tiene un regalo de la infancia muy presente: “Yo vivía en Finca Paredes y venía del colegio en el bus. Pasamos por la Universidad Franquista, me acuerdo adecuadamente de que estaba en kínder, y apedrearon el bus. Eso, a los cinco o seis abriles, marca. No es que sea traumático, pero pone las cosas en contexto”. (Lea asimismo: La melancolía de Lucho Herrera, la vivientes de los 60s).

Designar ser matemática en Colombia en ese entonces era, incluso, más inusual que hacerlo ahora. Aunque se encontró con profesores de Matemáticas en la Franquista, eran pocos —incluyendo hombres— los que en aquella época hablaban de investigación en matemáticas. Alonso y Clara Takahashi, sumados a Jaime Lesmes, fueron quienes la impulsaron, cada uno a su modo, a salir de Colombia y la convencieron de que ser doctora en Matemáticas iba a funcionar. Y tenían razón.

Toro es una mujer didáctica. Eso queda claro en cada una de sus palabras. Hace tres abriles, cuando ganó el premio, en una entrevista con El Espectador le preguntaron cuál había sido su anciano aporte en matemáticas. Ella mencionó dos: “El disección en dominios irregulares y la existencia de buenas parametrizaciones para subconjuntos del espacio euclidiano”. Al insistirle cómo comprender de lo que palabra es cuando acude a las imágenes.

“Imagine ver la foto de una montaña y, en la almohadilla, un marisma. Conoce la temperatura del marisma tanto en la superficie como en el fondo, así como varía la temperatura en distintos momentos o lados. Lo que yo busco, a partir de esto, es describir cuáles son las características del marisma, si tiene un fondo suave o irregular, si conozco la distribución de la temperatura”. Eso, en sus palabras, y sin meterle números ni fórmulas matemáticas, es lo que sería el disección de dominios irregulares.

Para explicar lo segundo, “las parametrizaciones para subconjuntos del espacio euclidiano”, hace un prueba parecido. “Imagine estar en su cuarto y hay puntos regados. Puede pensar en moscas suspendidas. Quiere aprender cómo acomodar esas moscas en una superficie de plástico. Pero no son diez moscas, sino más y más. Y debo resolver cómo hago para acomodarlas en ese plástico, dependiendo de su superficie”. De nuevo, evita ahuyentarlo a uno poniendo ejemplos matemáticos.

Aunque uno de los momentos en los que se dio cuenta que su pasión eran las matemáticas fue cuando uno de sus padres mencionó que había olvidado hacer una operación simple —“pensé que era muy triste que las matemáticas se olvidaran”—, Toro no cree que la tecnología esté atrofiando nuestra forma de entenderlas. “Deberíamos poder seguir aprendiendo las tablas de multiplicar o dividir haciendo mercado, sin exigencia de sacar una calculadora”. Lo que sí cree, en cambio, es que la tecnología nos ha ido quitando la paciencia y la capacidad de profundizar sobre un solo tema, lo que cambiará la forma de hacer ciencia, no necesariamente para adecuadamente o para mal. (Le puede interesar: Nueve perfiles de científicas colombianas para conmemorar el día de la mujer)

Poco que asimismo ha evolucionado, comenta, es la billete de las mujeres en las matemáticas, sobre todo en la parte de la investigación. Cuando ella entró al doctorado era la única mujer de 17, y de los casi cien estudiantes de posgrado, era solo una de las diez mujeres. Hoy en día, se atreve a calcular, la número llega hasta un 25 %, por lo menos en los programas de Estados Unidos. El problema, cuenta, no es solo que las puertas para las mujeres estén más cerradas, sino que hay ideas preconcebidas sobre lo que es ser matemático que, quizá, deban cambiar.

“Se cree que en las matemáticas uno hace la anciano parte del trabajo cuando está verde, antaño de los cuarenta abriles. Pero, asimismo, si uno quiere tener hijos, es mejor hacerlo antaño de los cuarenta abriles”, sugiere. “Y mientras uno está alimentando a un bebé no puede demostrar teoremas”.

Toro es una mujer que palabra en el idioma de las matemáticas, pero asimismo en el de la pedagogía, los escenarios, la imaginación y la sensibilidad.

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