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Towla 24

Salud – Columna de Germán Vargas Lleras – Columnistas – Opinión

mayo 3, 2021

Para no mortificarlos más con la insepulta reforma tributaria, hoy me ocuparé de otro asunto que además anda mal, muy mal: la lozanía.

Eclosión por la esperada reforma integral del sistema de lozanía, que sigue sin mostrar señales de vida. Esta iniciativa se ha presentado en tres oportunidades, pero en esta ocasión fue suscrita por el propio Gobierno y con mensaje de emergencia para su trámite. ¿Cómo explicar que, en medio de esta crisis sanitaria, la reforma más urgente siga estancada y que la ponencia ni siquiera se haya comenzado a elegir?

Esta reforma sí que contribuiría a optimizar los más de $ 40 billones que anualmente gastamos en lozanía. Con ella se garantizan un decano paso a la lozanía y servicios con mejor calidad y oportunidad, a través del maniquí cardinal del médico de grupo, con capacidad resolutiva de los casos. Incluso permitirá evitar la tercerización en las relaciones laborales, el ajustado auxilio de maternidad para las mujeres del régimen subsidiado que hoy no lo tienen, y normalizar los beneficios del Plan de Beneficios en Salubridad para los regímenes contributivo y subsidiado.

Con esta ley se pondrán en marcha el examen único doméstico de ingreso y las alianzas público-privadas que, aunque existentes hoy, no funcionan y permitirían canalizar importantísimos ingresos para el sector; además se reglamentan los conglomerados, se depuran las EPS y se establece un tope mayor a sus gastos administrativos y, como si fuera poco, se crea el saneamiento financiero del sistema.

Pues resulta que cuando finalmente se iba a iniciar la discusión del tesina, el viceministro de Hacienda, doctor Zárate, envió a la Comisión una carta en la que cuestiona todo el radio del tesina. En su calidad de entendido, prácticamente vetó todo su contenido. ¿El doctor Zárate consultó el texto de este torpedo con su patriarca directo, el ministro Carrasquilla? A quien con seguridad no le consultó su opinión fue al ministro de Salubridad, autor del tesina. Por eso, y con sobrada razón, se especuló que el Dr. Ruiz pensó en renunciar a su cargo, y ojalá lo hubiera hecho, pues la motivación principal de su ingreso al Gobierno, así como la de Cambio Radical al haberlo postulado, fue precisamente la de materializar esta trascendental reforma.

En el frente de la inoculación, el avance no va mejor que en el de la paralizada reforma. Estamos viviendo el resultado de un gobierno que no tomó decisiones a tiempo para comprar las vacunas que el país necesitaba. Cualquier inversión en estas hubiera resultado trueque. En términos fiscales, yo diría que la mejor reforma tributaria es acelerar la inoculación. Pero como vamos, vamos mal, muy mal. A estas gloria llevamos 1’440.000 vacunados con dos dosis y 4,6 millones con una dosis. Al ritmo de 90.000 vacunas diarias, cuando las hay, no terminaremos de inmunizar a los 35 millones de colombianos ni a mediados del próximo año. Como no reservaron las segundas dosis, estas semanas no se pudo inmunizar a quienes tenían cita, con todas las implicaciones que ello tiene. Y si resulta cierto que la inmunidad de la vacuna vence a los 10 meses, sencillamente nos llevó el demonio.

No es de apartar, entonces, que esta semana Colombia haya tenido, a posteriori de India y Brasil, el decano número de personas fallecidas a nivel mundial y el número 12 en casos confirmados con el virus, según la Universidad Johns Hopkins. El jueves, por primera vez se superó la número de 500 fallecidos en un día.

Finalmente, el Gobierno accedió a permitir la décimo de privados en la inoculación. Pero lo hizo tan mal, a través del decreto 507, que mejor no lo hubiera hecho. Los requisitos impuestos, comenzando por tener que contraer las empresas toda la responsabilidad por los posibles pertenencias adversos de la vacuna o régimen admirable de indemnidad, harán que pocos se atrevan a participar. A ello se suma que solo podrán iniciar tareas aceptablemente descubierta la 3.ª etapa, que nadie sabe cuándo será, y por otra parte, la obligación de operación directa al laboratorio fabricante, prácticamente inverosímil de cumplir. Si el Gobierno no quería que los privados ayudaran en la campaña de inoculación, acertó.

Como van las cosas, yo del ministro de Salubridad reconsideraría lo de la renuncia, lo cual personalmente recomiendo.

GERMÁN VARGAS LLERAS

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