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Resistir desde la pasión – Noticias de Córdoba – HoyDia.com.ar

abril 29, 2021


Resistir desde la pasión

Entrevista a Roger Koza, programador del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín, que hoy inicia su décima tiraje

Por Martín Iparraguirre

El Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC) comenzará a celebrar hoy su décima tiraje en un contexto enrevesado para el país. La crisis de la segunda ola del coronavirus obligó a sus organizadores a suspender la presencialidad, aunque no renuncian a sostenerla: desde hoy, hasta el domingo, el festival desplegará sus maravillas de forma enteramente supuesto, mientras que en el segundo semestre del año planean realizar la tiraje de forma presencial. La idea es sostener el formato diferente del disputa a través de su página web, con horarios fijos para ver las películas o asistir a sus charlas.

“El tema de los horarios se debe solamente a nutrir las exigencias que implica el hecho de tomarse un tiempo, ir hasta otro oficio y ver una película. Aprender que hay un horario y que este es el momento del disputa”, explica en diálogo con HOY DÍA CÓRDOBA el programador del festival, Roger Koza, quizá el principal responsable de la presente del FICIC, agradecido desde hace tiempo a nivel franquista como uno de los festivales más importantes del país, tanto por la calidad y coherencia de su propuesta como por la amabilidad de sus responsables, que sin dudas no tiene parangón con ningún otro disputa del tipo. Si acertadamente las películas de comprensión están programadas para las 21:30 (un software doble incontenible de “Esquirlas”, de Natalia Garayalde, y “Mi última aventura”, de Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas), ya desde horas de la mañana el disputa estará presentado sus películas en su sitio oficial: https://cosquinfilmfest.com/.

HDC: FICIC cumple diez ediciones, lo que fuego a pensar ese tiempo. ¿Cómo ves al festival? ¿Qué vaivén haces?

Roger Koza (RK): El festival se fue consolidando con el tiempo, y eso se debe a dos motivos: la programación fue delineando una propuesta estética claro y coherente; el festival en la vida renunció a ser un espacio amable y sensible para discutir sobre cine y por ende retornar a pensar, a través del cine, el mundo. El locro de admisión que se ha hecho renombrado en estos primaveras, el cual se ofrece a todos los invitados, ha sido tan central como la presentación de las películas o la motivo estética que se intenta plasmar en el catálogo en cada crítica breve que se dispensa.

HDC: La emergencia de la segunda ola del Covid-19 cambió radicalmente sus planes, se tuvieron que adaptar sobre la marcha ¿Cómo llegaron a detallar este formato doble (supuesto y presencial diferido)?

RK: Un día antiguamente de presentar la programación, el presidente (Alberto) Fernández dio a conocer el regular decreto de carencia y necesidad relacionado con el crecimiento exponencial de contagios. Nosotros teníamos todo avispado para hacerlo presencial pero, en esta ocasión, siquiera subestimamos el comportamiento imprevisible del virus. Seguir delante con la presencialidad era valeverguista. Pensamos tres opciones, y tomamos como maniquí final el de la Berlinale (Festival Internacional de Cine de Berlín), que defendió la celebración del festival en sala dividiendo los tiempos en dos: la interpretación online para prensa e industria en el mes de siempre; la interpretación presencial unos meses a posteriori, ahora para el manifiesto. Nosotros quisimos nutrir la aniversario y incluso defender la realización presencial. En nuestro caso, las dos instancias están dirigidas para todo el manifiesto.

HDC: Asimismo se me ocurre pensar ¿qué posibilidades abre la virtualidad al festival y cuáles cierra?

RK: Detrás de esta osadía de desdoblamiento hay poco más: un festival de cine no es un servicio de streaming de breve duración; los festivales no son ni deben ser plataformas satelitales de streaming. Un festival de cine no debería dejar de defender la relación ontológica que existe entre sala y cine, comunidad y plano. La tradición que nació con la invención de la cámara es consustancial a la existencia de la sala de cine como circuito de descentramiento del universo personal y incluso de reunión con extraños y extrañas que están en la sala y en la pantalla. Es cierto que la virtualidad permite que personas de todo el país puedan ver nuestra programación, pero la experiencia del cine no es completa en el living de casa.

HDC: Vamos a las películas, contanos ¿cómo programaste la Competencia Internacional?

RK: Siempre programo del mismo modo: observo las películas que se han estrenado en otros festivales o que han llegado por convocatoria. A partir de esto, busco cuáles son las que permiten pensar poco sobre el cine contemporáneo y incluso sobre el mundo circundante. Siempre hay dos películas que inauguran una serie conceptual por cada sección. Vi “Todo lo que se olvida en un instante” (de Richard Shpuntoff) y sentí de inmediato que ahí había una película intempestiva. Era una para un inicio de serie. En esos días, incluso vi “Río Turbio” (de Tatiana Mazú González); las dos son radicales en su concepto formal y deliberadamente políticas. Ya se consolidaba una serie. A esta se sumó a posteriori “Pan y trabajo” (de Renan Rovida), una película delicadísima y popularmente brecthiana, y incluso “Adiós a la memoria” (de Nicolás Prividera) que, si acertadamente es parte de la selección competitiva, no compite. La segunda serie tiene que ver con formas de hacer experiencia de la naturaleza. La relación con los árboles y el rumbo, la relación con el agua y la idiosincrasia, el vínculo con los animales (los perros) atraviesan “Ofrenda” (de Juan María Mónaco Cagni), “En compañía” (de Ada Frontini), “Un cuerpo estalló en mil pedazos” (de Martín Sappia, ver HDC de ayer) y “Cambiar mar” (de Phillip Hartman); desde ya que hay otras cosas para atender en esas películas, pero en todas hay otra forma de organizar y atender a la experiencia sensible.

HDC: Son muy interesantes incluso las retrospectivas a Edgardo Castro y Goyo Anchou, así como incluso el foco en Pablo García Canga…

RK: García Canga es un cineasta con un don admirable para filmar la misteriosa sintaxis errática de los sentimientos. Lo que sucede en “La perplejidad de antiguamente” es un pequeño prodigio: ese cortometraje condensa una inteligencia sensible y un conocimiento de la puesta en espectáculo que no suele estar con frecuencia. La presencia de Maud Wyler, por otra parte, es el mejor regalo que puede vestir un espectador. Todos sus cortos son excelentes.

Castro y Anchou son presentados como cineastas desobedientes. Esa caracterización no es antojadiza y menos aún publicitaria. Sus películas nacen de la carencia y se las ingenian para expresar cinematográficamente una ojeada del mundo amatorio, frecuente, político y gremial. Anchou ostenta un conocimiento del cine que se entrevé en los encuadres y en la sagacidad para concebir el montaje; Castro tiene un don exclusivo para gastar su experiencia de vida y transformarla en una experiencia cinematográfica. No sé aún del todo cómo lo consigue, pero sus tres películas tienen un misterioso encanto; llamémoslo a este “intimidad de la puesta en espectáculo”.

HDC: Si acertadamente esta siempre, el cine cordobés tiene este año una presencia destacada, quizá porque vive una revitalización desde el extremo año, ¿cómo ves su presente?

RK: “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, “Esquirlas”, “En compañía”, “Mi última aventura” y “Homenaje a la obra de P. H. Gosse” han renovado mi fe en el cine de Córdoba. La razón es simple: son estéticamente arriesgadas y en algunos casos hasta estéticamente innovadoras, y exploran temáticas no atendidas por la mayoría de los cineastas cordobeses en actividad.

HDC: Por extremo, preguntarte por las actividades paralelas, que en este FICIC parecen haberse multiplicado: hay charlas con Miguel Gomes con los directores en foco, incluso con críticos jóvenes…

RK: Solamente en la virtualidad el FICIC puede ofrecer una charla con Miguel Gomes, a mi causa, uno de los grandes cineastas del cine contemporáneo. En todas las “Conversaciones cinéfilas” pasa lo mismo: intentamos insistir con una vieja intuición de Henri Langlois: “El cine es la universidad del pueblo”. Quiero asegurar: circunscribir el cine al conocimiento no significa capar el permitido placer de entretenerse, pero es incluso asegurar que con el cine se puede educarse a percibir y a pensar. Transversalmente, cada una de esas charlas representan un intento de darle vida a ese adagio del añoso Langlois.

 

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