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Towla 24

Putin acalla a la oposición | Opinión

abril 27, 2021

Concentración en apoyo de Alexéi Navalni la semana pasada en Moscú.ALEXANDER ZEMLIANICHENKO / AP

En una nueva revés de tuerca contra las libertades políticas en Rusia, sus autoridades ordenaron ayer la suspensión cautelar de todas las actividades del movimiento político de Alexéi Navalni, líder contrario encarcelado. El movimiento no podrá organizar actos políticos y ni siquiera propagar en internet o utilizar cuentas bancarias mientras la conciencia lo investiga —utilizando pruebas declaradas secretas— bajo la imputación de “intolerancia”, en lo que constituye un proceso sin las debidas garantías que puede terminar con su prohibición definitiva. La Fundación Anticorrupción asociada al movimiento además está siendo investigada.

Se alcahuetería del aplastamiento constitucional del movimiento popular de concurso más extendido en Rusia contra la sistemática progreso, dirigida por Vladímir Putin, en torno a un régimen abiertamente déspota. Prueba del respaldo ciudadano a Navalni son las valientes y numerosas manifestaciones de protesta que se producen desde hace tiempo a lo prolongado del país ruso. Recientemente, estas han querido denunciar el trato que está recibiendo en prisión el líder contrario, quien el viernes anunció que por recomendación sanitaria ponía fin a la huelga de penuria que protagonizaba, exigiendo un trato médico con especialistas no pertenecientes al penal. Las marchas son protestas pacíficas amparadas en la emancipación de expresión que, sin requisa, sufren reiteradamente una convincente represión de las fuerzas de seguridad con multitud de detenidos. Esto es así porque desde hace meses Putin ha endurecido sistemáticamente la constitución en todo lo que tiene que ver con la expresión ciudadana de las propias ideas y, sobre todo, cualquier cuestionamiento a su política o en torno a su persona.

Silenciar para dejar fuera de la ley a la formación de Navalni es la constatación de esta deriva, pero no es la única. En una apresuramiento de lo que es la transformación de una democracia formal en un régimen personalista, el mandatario ruso ha ido concentrando el poder tanto en su figura como en los servicios de seguridad, ha forzado una reforma constitucional para extender su mandato prácticamente hasta que sea un anciano, ha incrementado los mecanismos legales para exponer a los opositores de estar al servicio de intereses extranjeros y no ha dudado en provocar la intranquilidad internacional con injustificadas concentraciones de tropas en la frontera de Ucrania, cuya retirada ha sido anunciada. Mientras, sus servicios de seguridad acusan directamente a Oeste de estar detrás de un supuesto intento de crimen del presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko.

Todo esto se produce cuando el próximo septiembre deben celebrarse elecciones al Parlamento y en presencia de las cuales la formación de Putin, Rusia Unida, sufre una importante caída de apoyo popular. La población rusa asiste a un aumento preocupante de los precios de los productos básicos y a la pérdida de ingresos reales en una posesiones estancada, lo que está haciendo aumentar el descontento social. Sin duda esta situación produce honda inquietud en un Kremlin incapaz de fomentar el dinamismo de la posesiones y la sociedad rusa. La respuesta de Putin es, pues, una nueva revés de tuerca en su récipe tradicional: más autoritarismo, silenciar a las voces disidentes y traquetear el espíritu de la amenaza extranjero. Una vieja táctica, quizá útil para estirar su permanencia en el poder, pero no para la ciudadanía rusa.

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