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Towla 24

Preservar y dignificar la tierra (opinión)

abril 27, 2021

Pablo Ayala | Opinión | Director de Formación Ética y Ciudadana

El pasado 22 de abril se celebró el 50 aniversario de “El Día de la Tierra”.

Aunque existen algunas versiones respecto a cómo se gestó esta conmemoración, la que goza de una decano consentimiento es la difundida por la proselitista norteamericana Kathleen Rogers

Ella, anejo a un abundante camarilla de personas comprometidas con la causa medioambiental, decidieron salir a protestar a las calles de Washington.

Instaurada la época como el día dedicado a la tierra, en 1972 la ciudad de Estocolmo fue la sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medioambiente.

 

 

De donde se desprendieron otras conmemoraciones e iniciativas que hoy forman parte de la dietario medioambiental promovida por la ONU.

De ese tiempo a la época, son más de 180 países los que han firmado declaraciones, tratados y acuerdos de cooperación para detener algunas de las acciones que provocan el calentamiento universal e impulsar otras que contribuyan a revertir sus existencias.

Sobra afirmar, que los esfuerzos y compromisos hechos en el situación de las relaciones internacionales no han sido suficientes.

Tal como hemos hexaedro cuenta en este mismo espacio, nuestro planeta se encuentra al borde de un colapso ecológico producido por la actividad humana.

Hoy estamos comenzando a advertir los primeros existencias de la sexta acabamiento masiva, conocida como la acabamiento antropocénica.

Como dice Safran, los científicos denominan antropoceno a la era geológica ubicada entre la revolución industrial y la época contemporáneo, periodo donde el cambio climático no ha sido producido por sucesos naturales, como las erupciones volcánicas o las glaciaciones, sino por la actividad humana.

El costo que el planeta ha tenido que retribuir resulta, por otra parte de injusto, absurdamente inaceptable porque los seres humanos al punto que representamos el 0.01 por ciento de la vida sobre la tierra.

Y en esta trama, como anticipó Charles Dickens en algunas de sus novelas donde describió desde una razonamiento antropocénica la emergencia y miserias de la sociedad industrial inglesa, los países “desarrollados”, sin duda, son los principales culpables.

Por ejemplo, 17 de los 40 países asistentes a la “Cumbre de líderes sobre cambio climático”, convocada por Joe Biden el pasado jueves, son los responsables del 80 por ciento de las emisiones contaminantes que aceleran el cambio climático.

 

Día de la tierra (opinión)

 

Países en apoyo a la tierra

Este telón de fondo es el que volvió a dicha reunión una oportunidad fantástica, y moralmente obligada, para rescatar y preservar la naturaleza que aún queda en el planeta. Me explico.

La salida intempestiva de los Estados Unidos del Acuerdo de París, más allá de ser el cumplimiento de una advertencia hecha en distintos foros por el loco anaranjado que los gobernaba, puso en aviso al mundo inalterable, porque son el segundo país más contaminante en el mundo.

El colapso era inminente, y al orangután de Queens le importaba un cacahuate, ya que su puesta era hacer “América egregio otra vez”, así fuera lo posterior que esta hiciera antiguamente de desaparecer.

Por ello, la reunión a la que convocó Biden, y que será el punto de partida de la COP26 a celebrarse este noviembre en Glasgow, abre una ventana de esperanza.

El compromiso de los Estados Unidos no fue cosa beocio. El plan se sintetiza en estos tres grandes pasos: 1) Recortar las emisiones de CO2 entre un 50 y 52 por ciento, antiguamente de que concluya la división; 2) para 2035, el 100 por ciento de la energía eléctrica se producirá de guisa limpia; y, 3) para 2050 los estadounidenses no producirán emisiones contaminantes.

Y como las declaraciones alegres siempre resultan contagiosas, la Unión Europea no se quedó a espaldas y adelantó que para 2035 sería un pedrusco de países con cero emisiones.

 

” El cambio climático no ha sido producido por sucesos naturales, como las erupciones volcánicas o las glaciaciones, sino por la actividad humana”.

 

Como era de esperar, el Presidente de China sonrió amablemente y se guardó para sí los planes que la cuna del dragón tiene en puerta.

Promesas más promesas menos, el planteamiento de Biden resulta, por afirmar lo menos, prometedor; la muestra la tenemos en la organización de inmunización desplegada en valimiento de su ciudadanía.

Biden tiene perfectamente claro que al mundo le quedan los días contados, si los Estados Unidos, China, Rusia, India, Inglaterra y Japón no cambian la guisa de producir y consumir energías no renovables.

Seguramente usted se preguntará, ¿y a qué se comprometió el Presidente de México? Mire usted, comprometerse, lo que se dice comprometerse con un plan para crear y consumir energías limpias, no. Más que una organización en ese sentido, planteó lo sucesivo:

La propuesta es que juntos ampliemos [el programa Sembrando Vida], en el sureste de México y en Centroamérica para sembrar tres mil millones de árboles adicionales y crear un millón 200 mil empleos.

Tomemos en cuenta que, con cuatro millones de hectáreas de árboles, se absorben 70 millones de toneladas de dióxido de carbono al año.

Agrego una propuesta complementaria, con todo respeto: el gobierno de Estados Unidos podría ofrecer a quienes participen en este software que posteriormente de sembrar sus tierras durante tres abriles consecutivos, tendrían la posibilidad de obtener visa de trabajo temporal y luego de otros tres o cuatro abriles, podrían obtener hasta la residencia en Estados unidos o su doble cuna”.

Así las cosas, con nuestra organización doméstico para revertir el calentamiento universal.

Y por no dejar, van unas cuantas preguntas al ganancia: ¿Qué acciones de carácter ecológico está haciendo usted desde casa? ¿Tiene algún plan o idea para que su vida sea un poco más sostenible y amable con el planeta?

 

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