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Towla 24

Manzi: 70 años de letras y penumbras de ilusión – Opinión

mayo 4, 2021

Por Pablo De Vita*

Sintetizó la voz porteña, fue el poeta de la vida ciudadana y legó al tango su mayor esplendor como retrato de la civilización argentina. La vida de Homero Manzi, o Homero Nicolás Manzione, se apagaba un 3 de mayo de 1951 no sin ayer desarrollarse fecundamente entre la poesía, el periodismo, la militancia política y igualmente en el teatro, la radiodifusión y el cine. El autor de Monte criollo, Sur, Malena, Discepolín, El postrero organito y Milonga del 900, entre otros 200 tangos, igualmente es uno de los responsables de clásicos del cine franquista como Lealtad Gaucha, Huella, Con el dedo en el percusor, Fortín stop, El añoso Hucha, Pampa bárbara, Escueto mi hermana querida, El postrero payador y Escuela de campeones, a los que contribuyó con guiones precisos al servicio de realizadores como Alberto de Zavalía, Lucas Demare, Hugo Fregonese, Pierre Chenal, Luis Saslavsky, Mario Sóffici y Luis Moglia Barth. Su faena como adaptador de La guerrilla gaucha de Leopoldo Lugones, llevada al cine por Lucas Demare, igualmente lo vincula a esa saga del cine franquista delante y detrás de cámaras. Pero en la música, Manzi estuvo presente desde el mismo inicio del cine sonoro argentino cuando se incluyeron dos de sus milongas en la película Tango! en 1933. En la vida holganza conoció a Cátulo Castillo, Enrique Santos Discépolo y Aníbal Troilo; y con Enrique Muiño, Elías Alippi, Lucas Demare y otros, manguita la empresa “Artistas Argentinos Asociados” en el año 1942. Dirige asimismo las películas: Escueto mi hermana querida (1948), protagonizada por Hugo del Carril y Emma Gramatica, y El postrero payador (1950), nuevamente con Hugo del Carril, encarnando aquí al popular cantor José Betinotti. Su faena como libretista es reconocida con los premios de la crítica por La guerrilla gaucha (1942), Su mejor discente (1944) y Escuela de Campeones (1950). En la vida política apoyó la reforma universitaria, fue uno de los fundadores de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Novato Argentina), y luego se acercó al peronismo. Su homicidio temprana, con tan solo 44 abriles víctima de un cáncer de intestino, no le permitió presentar El Hombre, sobre la vida de Hipólito Yrigoyen, y otras dos dedicadas a Jorge Newbery y Rubén Darío, que no pasaron de proyectos. Manzi había nacido en Añatuya, Santiago del Estero, el 1 de noviembre de 1907 y fruto de su relación con Casilda Iñíguez Vildósola nació su único hijo, Acho, que continuó sus pasos en el tango. Convertido en ícono, el cine rescató su perfil con un acertado Carlos Portaluppi en Homero Manzi, un poeta en la tormenta de Eduardo Spagnuolo y el teatro lo evocó en Manzi, la vida en Orsai, con idea y dirección de Betty Gambartes, que fue suceso.

Como todos los grandes, Homero Manzi no estuvo solo. Con Hugo Mac Dougall, antiguo compañero de la redacción de Radiolandia, y luego con Ulyses Petit de Murat, habría de dejar importantes trabajos en cine. Incluso con Sebastián Piana, Lucio Demare y Aníbal Troilo en la música de esos poemas hechos canción. Porque, de que otra forma pueden pensarse las “Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó”, sino gracias a su evidencia, presencia y compromiso en delinear con palabras los contornos de la sociedad porteña donde aún hoy puede reflejarse Buenos Aires. Sumados esos clásicos del cine grabados a fuego en la retina y en la memoria.

* Crítico cinematográfico, profesor universitario y periodista cultural. Docente de número de la Corporación Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.

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