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Towla 24

Los insaciables – Opinión – Elentrerios.com

mayo 2, 2021

Podemos sacar una conclusión evidente de los eventos del postrer año: la población argentina es una de las más sumisas del orbe.

En casi todos los países hubo restricciones a la movilidad, sí. Pero en casi todos esos países, las condiciones de entrada en la pandemia permitieron que las restricciones no alteraran de guisa dramática las condiciones de vida de las sociedades ni la capacidad de respuesta económica de los estados.

En Argentina, la pandemia no sólo fue respondida con un retazo inusitado de las libertades individuales, sino que por otra parte fue respondida con un feroz aumento de impuestos. Un caso único en el mundo.

Cortaduras de libertades y aumentos de impuestos a cambio de muy poco (¿un IFE cada dos meses?) fueron asimilados por la sociedad con mucha más resignación que bienvenida por sus méritos. Resignación ahondada por la descuido de visibilidad respecto de una salida a la crisis sanitaria. Hemos perdido la capacidad de enojo, al parecer. Nos queda la nostalgia de aquello que fuimos y de lo que creímos activo podido ser.

Del otro costado, por el contrario, el ímpetu destructor no se detiene. Bajo la vara del diputado Carlos Heller, que en su persona reúne el oxidado de banquero y líder comunista, el ideólogo del Aporte Solidario Extraordinario en 2020 trae ahora a comisión un tesina de ley para aumentar las alícuotas del Impuesto a las Ganancias.

“Dura reacción de la UIA” al tesina, dicen los medios. La entidad que agrupa a los industriales emitió un comunicado, sin dudas. Si juzgamos por los resultados que vienen logrando estos “duros comunicados”, es factible descubrir que el poder de lobby de la UIA no es tan egregio. Hoy el poder lo tienen los que meten ruido en las calles, no los que trabajan.

Hay dos teorías que el tiempo ha convertido en verso. Una es la que dice que, en presencia de un aumento del producto, la mano invisible generará un derrame de la riqueza desde los capitalistas en torno a los asalariados. La sensación de verso nace de la evidencia empírica de décadas de supremacía intelectual de esta teoría en Poniente. Décadas en las que han generado un gran crecimiento del producto y la riqueza, pero durante las que los ingresos y la riqueza se han concentrado en espacio de derramarse.

La otra es la que supone que la centralización estatal es capaz, en presencia de la incapacidad de la mano invisible, de arrostrar a extremo ese derrame mediante políticas públicas adecuadas. Los ejercicios socialistas son otro ejemplo claro del fracaso de esta teoría.

La distribución (o concentración) de la riqueza es un asunto que está tomando planeo en todo el mundo. Es un problema que podría caracterizarse como de segunda concepción. Los ciudadanos perciben el crecimiento común de la riqueza, pero no perciben mejoras en sus condiciones de vida. Las derrotas de los oficialismos en casi todos los países, y en casi todas las naciones latinoamericanas, dan cuenta de este descontento. El voto es la única forma de queja que encuentran los ciudadanos a su resignación y al enojo que les quede.

En Argentina, estamos en el peor de los mundos. Tenemos al estado intentando resolver este problema de segunda concepción cuando todavía no hemos resuelto el problema flamante: hacer crecer el producto. Queremos hacer rectitud redistributiva con capital que no tenemos.

La consecuencia es nefasta: tenemos un PBI que hace 10 abriles que no crece, un mercado gremial estancado y un aumento de la pobreza y la marginalidad que igualmente parece irremediable con las políticas de los últimos 20 abriles. Factores, todos éstos, que redundan en una caída estructural de la cuestación impositiva a medida que aumenta el consumición del estado redistribuidor, básicamente porque desestimula la producción y la concepción de ganancias. El estado redistribuidor, a pesar de sus repetidos fracasos y a la fragilidad macro y micro en que ha sumido a la población, no recapacita ni se achica; insiste con más de lo mismo: más impuestos, más aportes extraordinarios. Y, cuando no alcanzan, más retransmisión, que no es más que una forma elíptica de referirse al más abominable de los impuestos: la inflación.

Estamos en una coyuntura en que a la política ausencia le alcanza, ni el estrangulamiento de la producción ni el deterioro de la sociedad. El especie de senadores más afines a la Vicepresidente presentaron un tesina de ley para proponer que los Derechos Especiales de Libranza que (eventualmente) distribuya el FMI no sean usados para enriquecer a ese organismo o al Club de París, sino para “combatir la pobreza y el desempleo”. Quieren desembolsar a cuenta de cuartos que todavía no existe. Para hacer lo mismo que vienen haciendo con todas sus medidas: combatir la pobreza y el desempleo. El éxito de su mandato está a la instinto. Aunque, quizás, haga mucho tiempo que no andan por las calles que rodean al Congreso de la Nación.

Al final de cuentas, es evidente que toda esta orgía redistributiva no ha redistribuido ausencia a gracia de quienes lo necesitan. ¿Quiénes fueron los beneficiarios? Los insaciables zánganos que la determinan, que ausencia productivo hacen, pero que siquiera ausencia dejan hacer.

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