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Towla 24

Los exploradores de las ondas gravitacionales

abril 30, 2021

En 1916, Albert Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales. Un siglo a posteriori, el 14 de septiembre del 2015, un camarilla de científicos consiguió vislumbrar el sonido de estos fenómenos espaciotemporales causados por la colisión de dos agujeros negros. Esta es la historia de ese descubrimiento, que se premió con el Nobel de Física del 2017, pero es sobre todo la historia del decano alucinación que se pueda imaginar…

Es un alucinación tan hiperbólico, tan allá de escalas humanas, que solo puede ser comprendido por los poetas. O por astrofísicos y científicos como los estadounidenses Rainer Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne, galardonados con el Nobel por confirmar lo que dijo Einstein. Inmediato a ellos merecería deber estado el escocés Ronald William Prest Drever, Ron, fallecido en Edimburgo en marzo del 2017, a los 85 primaveras.

Los tres premios Nobel de Física del 2017 

DP

Toda historia épica necesita un gran perdedor. Esta tiene varios. Uno es sin duda el propio Ron, que a posteriori de más de medio siglo trabajando en la buena dirección no vivió lo suficiente para la consagración final. Aunque la crimen le hubiera legado un alto el fuego, una prórroga de varios meses, no hubiera servido de nadie: desde el 2016, él, un Mozart de la ciencia, dueño de una inteligencia codiciable, sufría demencia.

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Imagen virtual de ondas gravitatorias

Otro gran perdedor fue Joseph Weber, (1919-2000), nacido en Nueva York, hijo de judíos lituanos. Suyo fue el primer detector de ondas gravitacionales, que le granjeó la deslumbramiento normal primero y el olvido a posteriori, cuando sus logros fueron cuestionados y ridiculizados. Con 80 primaveras no se recuperó del todo de un desnivel en un bosque helado. Se cayó camino de su laboratorio y tardaron 48 horas en encontrarlo.

La científica y escritora Janna Levin

La científica y escritora Janna Levin 

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Toda historia épica necesita bardos, cantantes o exégetas. Esta ha tenido la mejor embajadora posible en la voz de Janna Levin, eminente cosmóloga y profesora de física y astronomía, autora de El blues de los agujeros negros y otras melodías del espacio foráneo (Capitán Swing). La obra, subtitulada La historia de los científicos que trataron de imprimir las ondas gravitacionales, combina rigor investigador y entretenimiento.

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Imaginaos el lucha de Rainer Weiss (Berlín, 1932, pero nacionalizado estadounidense), Barry C. Barish (Omaha, 1936) y Kip S. Thorne (Utah, 1940). Nadie había audición nunca una onda gravitacional. Ningún utensilio investigador había registrado una. No era tratable: viajando a la velocidad de la luz, podían tardar mil millones de primaveras en ascender a la Tierra. Este video muestra cómo se producen a raíz de la fusión de dos agujeros negros:

Luego de océanos de tiempo, cuando la perturbación que nace tras esa colisión llega a la Tierra, es tan ligera como el aleteo de una polilla, casi imperceptible. A pesar de la dificultad de la empresa (el propio Einstein dudó de que las ondas gravitacionales se pudieran ascender a detectar), muchos científicos han dedicado su vida a intentar vislumbrar esa minúscula traqueteo, considerada la cuadrilla sonora del universo.

¿Por qué? Lo mismo le preguntaron a Hillary. “Porque el Everest estaba ahí”, respondió él. Igualmente están ahí los agujeros negros, las estrellas de neutrones, los púlsares y las cataratas astrofísicas. Solo el movimiento más agresivo de colosales masas como estas logra que el espacio-tiempo vibre lo suficiente para que lo podamos vislumbrar aquí, en este roca de arena en medio del desierto. ¿Un roca? Sí, mirad este segundo vídeo:

Aunque las gravitacionales no son ondas sonoras, una tecnología analógica las puede modificar en sonido, de la misma forma que el amplificador convierte el rasgueado en una guitarra electrónica en música. Rainer Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne se dedicaron a construir ese amplificador. Su máquina es un ifo o interferómetro (de interferencia y medida). Un amplificador, en definitiva, “para imprimir el firmamento”.

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Josep Corbella
*REPETICIÓN CON MAYOR RESOLUCIÓN* GRAF8782 MADRID,10/4/2019.- Fotografía facilitada por el CSIC de la primera imagen obtenida de un agujero negro, uno de los grandes misterios del Universo.La histórica fotografía, obtenida a partir de una red ocho observatorios situados en distintos puntos del mundo, consiste en un anillo con una mitad más luminosa que la otra, que corresponde al agujero negro supermasivo ubicado en el centro de la galaxia M87, a 53,3 millones de años luz de la Tierra. EFE/CSIC

Janna Levin publicó su tomo en el 2016, antaño de que los protagonistas de su obra recibieran el Nobel de Física, poco que ella ya consideraba para entonces más que probable. Lo que no se podía imaginar ni por asomo es que acabaríamos viendo tan pronto un agujero adverso, un Everest de la ciencia que se coronó en el 2019. Repitamos la pregunta por segunda vez: ¿por qué es tan importante vislumbrar los ecos de dos agujeros negros?

Agujero negro

Imagen imaginario de una destino atraída por un agujero adverso 

ESA/Hubble

Es tan importante porque la colisión de estos titanes hace tremolar el espacio y el tiempo, a la vez que crea ondas. Esa colisión es la piedra que cierto o poco ha resuelto al estanque del universo. Las ondas resultantes, la evidencia de la colisión de los agujeros negros, recorren el universo a la velocidad de la luz. Janna Levin explica que las reverberaciones vendrían a ser el adiós de las estrellas, “segundos antaño de que exploten”. 

Ese otro reputado astrofísico que fue Pablo Neruda lo explicó muy correctamente: “Polvo en el trigo, arena en las arenas / el tiempo, el agua errante, el rumbo indeterminado / nos llevó como pellizco navegante”. Dos colosales observatorios, uno en Livingston (Luisiana) y otro en Hanford (Washington), captaron la primera señal de una onda gravitacional el 14 de septiembre del 2015. Culminaba así un trabajo de más de medio siglo.

La autora, durante una conferencia

La autora, durante una conferencia 

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¿Y qué son 50 primaveras? Un suspiro en la inmensidad. Aquella onda expansiva que se captó en el 2015 comenzó a desplazarse por el universo hace más de mil millones de primaveras. Cuando los primeros organismos pluricelulares se convirtieron en fósiles en una Tierra aún en movimiento, esas ondas ya se dirigían a nosotros. El sonido atravesó el supercúmulo circunscrito de galaxias cuando los dinosaurios poblaban el planeta. Y siguió y siguió…

La reverberación recorrería Andrómeda en la años de hielo. Vislumbraría la Vía Láctea cuando nuestros ancestros pintaban Altamira. Otro suspiro, otra punto de vista, y la historia alumbraba la máquina de vapor, la Revolución Francesa y la osada teoría de un tal Albert Einstein sobre las ondas gravitacionales. Pero el alucinación aún no se ha destruido. A espaldas quedó la Tierra. ¿Por dónde andará ya el eco de aquel cataclismo?

Kip S. Thorne ha sido investido doctor Honoris Causa por la Universitat Politècnica de Catalunya 2017(UPC)

Kip S. Thorne, doctor honoris causa por la UPC en Barcelona en el 2017 

UPC

Rainer Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne, exploradores de las ondas gravitacionales, se adentraron en una tierra misteriosa, el reino de la física, la cosmología y la astrofísica. Querían estar listos cuando llegase el momento, como lo estuvo sir Edmund Hillary frente a la montaña. Trabajaban, investigaban y viajaban. A heroína entre América y Europa, pusieron rostro a un esfuerzo en el que han participado miles de científicos.

Ellos fueron los chamanes que pintaron nuestra caverna y que nos hicieron observar fugaces e insignificantes, como dice Janna Levin en su tomo, un poema magnífico. Cuando la humanidad no sea ya ni un presente oscuro, la Vía Láctea se fusionará con Andrómeda y dará circunstancia a un inmenso agujero adverso. Llegará el vano, la oscuridad absoluta, mientras todo lo que ha pasado desde el inicio de los tiempos se evaporará en el olvido. 

(A David Beriáin, Roberto Fraile y Rory Young, con profundo dolor)

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