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Towla 24

La disputa por la clientela turística en Europa empieza de nuevo | Opinión

mayo 4, 2021

Omitido los muy avisados, nadie pensó cuando se acercaba el verano de 2020 que el de 2021 no sería mucho mejor en términos de actividad turística, porque reinaba una excesiva fe en la derrota del Covid-19. Pero no ha sido así en prácticamente ninguna zona geográfica del mundo, omitido pequeños islotes como Israel o el propio Estados Unidos, e incluso una nueva ola de pesimismo invade ahora las expectativas con el temor a la expansión de la variable india del virus, cuya inmunización con las vacunas actuales no está testada. Cierto parece, en todo caso, que la cuarta ola de la pandemia en Europa parece presentar menos virulencia que las anteriores, ya sea por las conocimiento acumuladas para combatirla, por la penetración, por modesta que sea, de los niveles de prevención o por suceder enemigo el nivelación entre la recuperación de la actividad económica y las restricciones a la movilidad. Pero, aun así, Europa no está en condiciones de respaldar una temporada turística vaco de Covid; ni en los mercados emisores ni en los receptores.

Los niveles de prevención medios en todos los países europeos, que han caminado de la mano en la negocio de viales y en su oficina, son similares y no permiten recuperar la plena movilidad en los meses de junio o julio, puesto que no será hasta finales de septiembre cuando pueda considerarse que se ha cogido un nivel de protección suficiente como para comportarse, trabajar y delirar con normalidad y seguridad. Por todo ello, la heredad española, que tiene una dependencia singular de la actividad turística y de la venida de extranjeros, seguirá sin poder contar con el aporte de los visitantes como era tradicional. De los más de 80 millones de viajeros anuales que pasaban por el país antiguamente de la pandemia, solo se podrá contar con unos pocos millones, y habrá que compartirlos con el resto de los destinos de la zona del Mediterráneo.

A la tradicional disputa por precio habrá que añadirle la variable seguridad, que estará más en mano de los avances de la prevención y de los niveles de exigencia de las autoridades españolas que nunca. De poco servirán los salvoconductos que lleva negociando la Unión Europea si no avanza con más celeridad la prevención aquí y en los grandes mercados emisores, especialmente el Reino Unido (que camina con más firmeza que Europa), Francia y Alemania. En muchos casos cerciorarse generosos volúmenes de visitantes de tales países depende más de la tacto de las autoridades y las grandes empresas hoteleras para negociar con los turoperadores para crear pasillos de seguridad sanitaria seguros. Quien gane tal disputa podrá auxiliar una parte importante del verano y de los ingresos que reporta; quien salga derrotado tendrá que esperar un año más para la normalización; poco que España, por la intensidad del turismo foráneo en su heredad, no se puede permitir.

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