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Towla 24

La Constitución del 91 y el panorama laboral: promesas no atendidas

mayo 2, 2021

La Constitución ofreció el ámbito para impulsar los derechos laborales en Colombia. A pesar de esto, analistas aseguran que la situación del trabajador se ha erosionado en los últimos 30 primaveras.

La Constitución de 1991 trajo consigo, por otra parte de un nuevo andamiada en materia social, cambios estructurales en política económica. Por ejemplo, reformuló el papel del Asiento de la República e influyó poderosamente en acrecentar su papel en la estabilidad macroeconómica y financiera.

Por otra parte de esto, la nueva carta magna todavía introdujo un nuevo ámbito de relato en temas de empleo y sistema sindical en Colombia. A grandes rasgos, la Constitución “reconoció como fundamental el derecho al trabajo en Colombia. Con saco en esa declaratoria, paralelamente, se dio la orden de modernizar todo el código sustantivo del trabajo, que era de los primaveras 50. Con ese principio como saco, la idea era expedir un estatuto del trabajo. Esto, 30 primaveras luego, no ha sucedido”, cuenta Iván Daniel Jaramillo, director del Observatorio Profesional de la Universidad del Rosario.

Como sucede con otros asuntos emanados de la Asamblea Doméstico Constituyente de 1991, algunas de las promesas constitucionales, aunque con objetivos claros y deseables, se han quedado sin una ejecución posterior.

Jorge Armando Rodríguez, decano de Riqueza de la Universidad Doméstico, lo pone de esta forma: “El pleno empleo es un buen ejemplo de un objetivo de política económica consagrado en la Constitución que ha sido en presencia de todo una explicación de buenas intenciones. Carece de los dientes y del andamiada institucional que sí tienen el objetivo de control de la inflación, en persona del Asiento de la República, y la regla fiscal ―enhorabuena suspendida temporalmente por la pandemia― por cuya implementación deben velar el Tarea de Hacienda, las comisiones económicas del Congreso y un comité consultivo”.

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Tres décadas luego de la promulgación de la Constitución, el panorama sindical ciertamente se ha ido modificando. Sin bloqueo, para algunos expertos, el recuento de estos cambios resulta agridulce.

Para Jaramillo, uno de los problemas de no poseer discutido un nuevo estatuto de trabajo radica en que los derechos que se han ido ganando a merced de los trabajadores ha sido a través de fallos de la Corte Constitucional y no por trabajo del Congreso. “No se discute el estatuto porque hay muchos intereses en la fracción. Es un problema de voluntad política”.

Antiguamente de los cambios introducidos por la Constitución de 1991, la norma que regía las relaciones laborales en Colombia era el código sustantivo, promulgado en los primaveras 50, “que no tiene el maniquí constitucional que se diseñó en el año 91. Hay una incompatibilidad clarísima entre ambas normas. Por ejemplo, “el derecho al trabajo sigue siendo un derecho de privilegio, de excepción. La Constitución ordena la protección al trabajo en todas sus modalidades, pero el trabajo que está en el código es el trabajo subordinado. Por eso hoy en día encontramos que 66,3 % de la fuera sindical es informal y está por fuera de la promesa de la Constitución”, explica Jaramillo.

Ahora admisiblemente, según cuenta César Giraldo, profesor de la Universidad Doméstico, el panorama sindical en el país ya estaba en proceso de transformación desde el año ayer de la Asamblea Doméstico Constituyente gracias a varias reformas impulsadas por el entonces presidente César Gaviria.

Giraldo se refiere a iniciativas como la Ley 50 de 1990, que introdujo los contratos a término fijo, “que dan pie a la prestación de servicios”. Así mismo, en ese momento, el expresidente Gaviria impulsó reformas para rajar más la peculio del país con destino a el mundo, que estaba en pleno proceso de globalización. “La Constitución está en esa ola de reformas, que comenzó a finales de los primaveras 90 y que continuó, por ejemplo, con la Ley 100 de 1993, con la cual se crea un nuevo régimen que cambia la protección social a los trabajadores”.

“El problema de fondo es que la promesa fundamental de extender una seguro al trabajo en todas las modalidades sigue estando incumplida. El sistema de regulación sigue estando unido al código sustantivo y no llega a los estándares trazados por la Constitución”, afirma Jaramillo.

Para Giraldo, las reformas impulsadas en los primaveras 90 representan un cambio en la doctrina pública con destino a el trabajo: ayer de estas iniciativas, había una posición más proteccionista con destino a el trabajador. “Pero ese discurso cambió con el concepto de empleabilidad. Lo que se criticaba ayer era que la peculio era muy rígida, que el exceso de regulación no permitía suscitar empleo”, dice Giraldo.

En otras palabras, está hablando de poco que comúnmente se conoce como flexibilización sindical, una suerte de mantra que propende por la laxitud de las normas laborales como una especie de estímulo a los empleadores para que se genere más empleo.

La relación es ampliamente debatida y, la verdad, tiene resultados muy cuestionables. Según un nuevo estudio de Cedetrabajo, “no existe evidencia seria de que precarizar el trabajo se traduzca en veterano inversión y vinculación al mercado sindical”. Y a renglón seguido concluye que: “Los resultados para el caso colombiano son contundentes, entre 2000 y 2020, luego del choque de la crisis del 2008, que implicó un crecimiento del PIB en 2009 de escasamente 1,1 %, la peculio colombiana no ha tenido una recuperación sostenida y es un período en el cual se han empollón ampliamente estas teorías. El crecimiento anual del PIB pasó de 7 % en 2011 a 1,4 % en 2017. En este sentido, la dinámica de la tasa de desempleo confirma la encogimiento de la actividad económica de los últimos primaveras, pues para el 2019, el desempleo creció a un ritmo superior al de la última decenio”.

Por su parte, Giraldo concluye que “cuando uno mira la afiliación al sistema de pensiones como un indicativo de seguridad social, de tener empleo formal, uno encuentra que ayer de la Ley 100 el 90,5 % y cotizaba y ahora sólo 40 % lo hace, o sea un 60 % no cotiza. Eso es resultado de que se ha perdido la estabilidad salarial porque la cotización nace de una relación salarial. Yo lo que veo es que hay un debilidad del vínculo salarial, que tiene consecuencias sobre la sociedad y los trabajadores”.

El estudio de Cedetrabajo apunta algunos datos sobre el trastorno de la ocupación al aseverar que este “así como el incremento del desempleo, han presionado a buena parte de la población desocupada a dejar de inquirir empleo. Así lo evidencia el comportamiento de la inactividad, la cual ha evolucionado de forma proporcional a la encogimiento de la ocupación. Como resultado, la población inactiva se incrementó en más de dos millones de personas entre 2012 y 2019, con la particularidad de la sobrerrepresentación de las mujeres en el trabajo doméstico y del cuidado no remunerado”.

Al final, la Constitución ofreció un ámbito de relato para mejorar en la protección de los trabajadores. Pero, como en otros asuntos, hacen descuido acciones legislativas y de política económica para impulsar los derechos laborales en un país con poca representación sindical y con problemas estructurales de empleo, como informalidad y sesgos de mercancías.

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