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Towla 24

La científica que empezó buscando al “genio de la lámpara”

abril 27, 2021

Alejandra tomó un desarmador que encontró y se acercó a su “víctima”: una lamparón de mesa para quitarle los tornillos cuidadosamente y forzar su tapa, como si buscara al saburía de los cuentos.

Su hermana gemela, su cómplice de aventuras, le ayudaba. Estaban solas en casa. Ale, atenta a los detalles, quería saciar su curiosidad: “¿Por qué sale la luz?”, pensaba.

Uno a uno, cables de diferentes colores fueron apareciendo. En eso, el silencio del condición fue roto al momento en que su mamá abriera la puerta y les reclamara por la “necroscopía” hecha a la escueto lamparón.

Así recuerda la Dra. Alejandra Chávez cómo -desde pequeña- buscaba saciar su curiosidad; no eran travesuras, explica, ya que en ese entonces quería entender cómo funcionaban las cosas.

Hoy, la ingeniera y doctora en Biotecnología por el Tec de Monterrey es líder del laboratorio de secuenciación genómica Tec-BASE, de los mejores equipados en México y Latinoamérica.

En su trayectoria, la revista científica del MIT la distinguió en 2017 como una de las innovadoras menores de 35 primaveras en Latinoamérica.

 

 

En rastreo del “saburía” de la lamparón

Lámparas, radios y juguetes electrónicos fueron algunos de los dispositivos que Alejandra desmanteló, impulsada por esa curiosidad que hoy reconoce como esencial en las cualidades de un ingeniero.

“Yo era la típica pupila que destruía las lámparas; me acuerdo que mi hermana gemela y yo destrozamos una para ver el circuito y cómo prendía”.

En ese entonces cursaba la secundaria, recuerda. Se atrevía a desarmar los aparatos eléctricos respaldada por lo que aprendía en las clases de Física, principalmente electricidad y imantación.

Cuenta que su hermana se acostumbró a verlas diariamente desarmando cosas en casa; incluso, con el tiempo, llegó a gustarle que Alejandra y su hermana Ana, tuvieran ese actitud por instruirse.

“Creo que al principio sí le causó ansiedad, pero luego se dio cuenta que era parte de la curiosidad y siento que era poco que sí quería promover en nosotras”.

 

Su promesa: dedicarse a mejorar la sanidad

Alejandra platica para CONECTA que para estudiar en el Tec campus Monterrey tuvo una distintivo de la asociación Estoy Contigo, dirigida por Alma Bours, que apoya a personas con cáncer.

“Alma, con su asociación para ayudar a concurrencia que en realidad necesita el mosca para residir, me ayudó. Entonces, me hice una promesa personal: ayudar a las personas con enfermedades crónicas

Hoy, con 33 primaveras de perduración, la Dra. Alejandra cuenta con una distinción de la revista científica del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Fue en 2017, cuando recibió el examen como una de los 35 Innovadores menores de 35 primaveras en Latinoamérica que entrega la MIT Technology Review en gachupin. 

“El premio (del MIT) fue por desarrollar alimentos a pulvínulo de cereales, capaces de apearse triglicéridos, colesterol y mejorar la azúcar en plasma en personas”, explica.

 

“El premio (del MIT) fue por desarrollar alimentos a pulvínulo de cereales, capaces de apearse triglicéridos, colesterol y mejorar la azúcar en plasma en personas”.

 

Su investigación se centra en el uso de compuestos bioactivos en alimentos que ayudan a organizar enfermedades comunes en México, como la diabetes tipo 2 y el cáncer.

Con técnicas de laboratorio, como el explicación de nanocápsulas, ha acabado adicionar alimentos típicos de la dieta de los mexicanos, entre ellos el pan de caja y las tortillas.

“Son ingredientes funcionales que se hacen en el laboratorio, se pueden incorporar a otros alimentos sin afectar su fibra o su color”. 

Esta distinción ha servido a la Dra. Chávez a rajar puertas en nuevas áreas, por ejemplo, en cómo sufrir su innovación a la industria, por otra parte, de poder inspirar a sus estudiantes.

“Además hace que me sienta retada, por ver qué más podemos aportar y cómo ayudar a mejorar la vida de las personas”, agrega.

 

Chávez estudió su carrera de Ingeniería y el Doctorado en Biotecnología en el Tec.

 

Biotecnología en alimentos: su transporte para ayudar

El origen de la pasión por la biotecnología aplicada a los alimentos surgió en Alejandra cuando -al entrar en la modalidad de investigación en sus estudios- tocó la puerta del Dr. Sergio Serna.

Así, el Dr. Serna se convirtió en su mentor y la fue guiando por esa orientación de investigación para encontrar soluciones a los problemas de sanidad a través de la biotecnología.

Ayer de graduarse, ya tenía su primer artículo publicado en una revista científica. Investigó 9 variedades de tuna y el objetivo antioxidante y anticancerígeno en sus células.

Hoy, tiene 18 artículos publicados en revistas científicas de suspensión impacto con más de 400 citas, todos ellos enfocados a los alimentos y el explicación de tecnología de alimentos.

 

La Dra. Alejandra dirige el laboratorio Tec BASE.

 

Lidera centro de secuenciación genómica de vanguardia

En febrero de 2020, la Dra. Chávez regresó al Tec como líder de un tesina de secuenciación genómica con potencial de impactar en sanidad pública e innovación industrial.

Hoy, esa iniciativa, impulsada por el Tec de Monterrey y FEMSA, es el Laboratorio Franquista de Secuencia Tec-BASE (Bio Assisted Sequencing Enviroment).

Se alcahuetería de un laboratorio con tecnología para decodificar el código hereditario y obtener información de microorganismos como virus y hasta organismos completos como el ser humano.

Adicionalmente permite la recital de millones de secuencias de ADN de forma masiva, con la posibilidad de analizar poblaciones completas y contribuir a la táctica franquista para hacer frente a la pandemia.

“Queremos que (Tec-BASE) sea una útil que ayude a acelerar proyectos de investigación que ya hay en el Tec, pero que a lo mejor ocupan fortalecerse con el campo de acción de genómica”.

 

“Queremos que (Tec-BASE) sea una útil que ayude a acelerar proyectos de investigación que ya hay en el Tec, pero que a lo mejor ocupan fortalecerse con el campo de acción de genómica”.

 

Según Chávez, la información que brinda este laboratorio puede ser aprovechada en diferentes áreas que van desde las humanidades, hasta medicina y medio condición.

“Adicionalmente, estamos haciendo sinergias con el laboratorio MARTEC y además con Tec Sanidad, que están haciendo estudios de variantes de COVID en el laboratorio”.

“Veo proyectos creciendo a través del laboratorio, que nos sirvan para producir sinergias y posicionar al Tec en el campo de acción de genómica en el ámbito internacional”, agrega.

 

Tec BASE cuenta con tecnología para hacer secuenciación genómica.

 

Los ejemplos que la inspiraron a crecer

La Dra. Alejandra tuvo en su hermana a una mujer cachas que la inspiraba a ayudar y fue quien le enseñó que para conquistar sus sueños debía tener las herramientas que se obtienen a través de la educación.

“Mi mamá es médico y trabajó en el IMSS como cardio anestesióloga; en ella vi una gran influencia por ayudar a las personas a cuidar su sanidad.

“Ella es una mujer súper cachas, muy trabajadora, muy inteligente, muy luchona; fue la única de sus hermanos que estudió una carrera y por otra parte medicina”.

Adicionalmente de su educación, lo que ha conseguido en la ciencia es poco que además atribuye a profesores que tuvo en el Tec como la Dra. Janeth Gutiérrez y, en distinto, al Dr. Serna.

“Él me animó a agenciárselas mis sueños y nunca me detuvo; desde chiquita me dijo: ‘Tú te vas a encargar de este tesina’. Así fue que hice investigación desde la carrera.

“No lo sabe, pero fungió para mí como una figura paterna; reminiscencia cuando le dije que quería hacer una estancia de investigación en Dublín, Irlanda, fue el primero que me dijo:‘¡Delante, puedes lograrlo!’”.  

 

 

 

 

La Dra. Alejandra fue distinguida por MIT Technology Review.

 

El lucha de entrar al Tec

Desde que tenía 15 primaveras, la Dra. Chávez supo que para hacer sinceridad sus sueños tendría que esforzarse y trabajar duro para conseguir sus metas.

Recuerda que cuando estudiaba la prepa, conoció al Tec porque personal de admisiones visitó su escuela. Ahí se detonó su interés por estudiar ingeniería.

“Me enamoré del Tec, quería estudiar ahí, pero era súper difícil para mi tribu; mi mamá un día me dijo: ‘Si quieres estudiar en el Tec, a ver cómo le haces, porque no puedo respaldar eso’”.

Vengo de una tribu típica mexicana, con muchas dificultades económicas; éramos tres hijos y mi mamá estaba sola. Mis papás se divorciaron cuando yo tenía cuatro primaveras”, platica.

Ella no se quedó de brazos cruzados, buscó apoyos, visitó empresarios en Obregón, Sonora -donde ella creció- con la intención de obtener una distintivo, hasta que lo logró.

 

“Me enamoré del Tec, quería estudiar ahí, pero era súper difícil para mi tribu; mi mamá un día me dijo: ‘Si quieres estudiar en el Tec, a ver cómo le haces, porque no puedo respaldar eso’”.

 

Obstáculos en su carrera profesional

Alejandra recuerda que una de sus primeras decisiones que enfrentó fue cambiarse a Biotecnología. luego de entrar a estudiar Biomedicina.

Otro de los grandes retos en su carrera ocurrió luego de terminar su doctorado en el Tec.

“Ya era SNI 1 y me fui a trabajar a una universidad pública donde todos los profesores tenían entre 50 o 60 primaveras, casi todos eran hombres y había cero liderazgo de mujeres.

Me discriminaron por ser mujer y por ser señorita. Ahí no era la Dra. Alejandra, me llamaban ‘m’hija’. Fue de las mayores complicaciones que tuve”, platica.

La Dra. reconoce lo que vivió es un problema que ha evitado el explicación de las mujeres mexicanas en la ciencia. A partir de eso además ha trabajado para inspirar a otras mujeres.

“Creo que tengo mucho por hacer en cuanto a apoyar la incorporación de la mujer en el campo de acción de ingeniería y ciencias. Sostener a las mujeres: tú puedes, no te limites”, dice.

 

El saburía de la lamparón finalmente apareció

“¡¿Qué hicieron?!”, fue el queja de su mamá que resonó en aquella habitación de su casa cuando abrió la puerta y descubrió a las hermanas con las “manos en la masa”.

“(Mi mamá) no es como que nos dejara, pero sí nos decía, ‘fíjense muy aceptablemente cómo está para que lo vuelvan a dejar igual’; era la única condición que nos ponía”, recuerda.

Esa curiosidad, alentada por su hermana a su modo, sirvió para que en el caso de Alejandra se convirtiera en la capitán de su vida y además la de sus hermanos Ana y Miguel, quienes además son biotecnólogos.

“Mi hermana y yo fuimos becados por la tribu Bours de Sonora, y mi hermano, 4 primaveras beocio que nosotras, fue subvencionado Gallagher. Todos salimos del Tec”.

Ahora, Alejandra sigue buscando respuestas como en su inicio, pero ahora, ya no en una lamparón, sino en un área donde la simple clarividencia humana no puede resistir: a nivel genómico.

Esa tarde, quizá ese día en esa lamparón sí había un “saburía”, quien finalmente cumplió el sueño de su hermana: que Alejandra y sus hermanos se graduaran de sus carreras profesionales. 

“Memoria que luego de terminar la carrera mi mamá nos dijo: ‘Valió la pena tanto trasto que desarmaron'”.

 

 

 

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