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Towla 24

Ir más allá de la actual situación de rebeldía – Opinión

abril 27, 2021

En más de una ocasión hemos hecho remisión a una inclinación obsesiva que mostramos como sociedad, la de “autoanalizarnos”. Con el objeto de explicar todas y cada una de las cosas que “hemos hecho mal” a lo extenso de la historia, y que nos han llevado a poblar en esta situación lastimosa; tal cual ha quedado desnudada totalmente en la coetáneo pandemia.

En tanto, poco que resulta extravagante y que a pesar de ello no se le ha prestado la atención debida, es la circunstancia que impresionar a diversos diagnósticos con los que se proxenetismo de explicar, hasta el presente nuestro desbarranque, no ha provocado en una enorme mayoría de quienes la integramos, otra cosa que no sea “un dejarse estar”; más agonizante aún, que el “vamos viendo” que, según algunos, es la pauta de conducta del coetáneo Presidente de la Nación.

O sea, sea una pasividad frente a la vida que fluye en nuestro entorno, llevada al extremo de una resignación extrema. La cual, tal como hemos tenido oportunidad de señalarlo, en el ámbito de la clínica médica se parangona con la aire que asiduamente exhibe alguno que padece una enfermedad crónica y a la vez irreversible.

Un cuadro de situación, el que paradojalmente no viene desmentido por el reguero de “brotes de rebeldía”, con los que día a día se asiste en zonas cada vez más extensas y a la vez lejanas de nuestro zona doméstico sino, que precisamente esos mismos brotes en que, para ser más precisos, se entrelazan rebeldía con sumisión, vienen a confirmarla.

Ello así, por cuanto lo que está ocurriendo es que las cosas han llegado a un extremo tal que provocan la impresión que al Estado, como consecuencia de esa resignación que mencionamos y que además al mismo parece habérsele infiltrado, se lo ve impotente a la hora de cumplir la que resulta su función esencial, cual es la de “imponer el orden”. Entendiendo por tal, no el desmadre de la autoridad pública, sino su bono eficaz, y, en lo fundamental, persuasiva, para precisamente instaurar y preservar “un orden amoldonado”.

El que no es por supuesto, ni el que se plasma en la paz de los cementerios, ni por la disponibilidad del uso ilimitado de la fuerza en la que se asientan los regímenes totalitarios. Sino el que permite, tal como ha sido redicho y se sigue por lo universal ignorado, conquistar poblar en un clima de sinceridad, que deja espacio a la tolerancia y la jurisprudencia, que nos merecemos como verdaderos seres humanos.

Es que más allá de su valoración en el campo de la pudoroso social, resulta incomprensible, y a la vez inadmisible, que se den en nuestro país circunstancias deplorables, tal como lo son esas verdaderas “situaciones de sitiados” –una forma atenuada, pero no solo ilegal y más peligrosa que la del “estado de sitio”- en las que se colocan ya plantas industriales o comerciales cercadas por grupos sindicales, o extensas zonas de nuestro país encerradas como consecuencia de su clausura por parte de reclamante, como consecuencia del corte con simbólicas murallas humanas de todos sus accesos, y aun con los “escraches” de los que son víctimas tantas personas.

Y lo que resulta tanto o más agonizante aún, resulta que como consecuencia de la agitación sindical docente endémica, se llegue al extremo que existan provincias de nuestro país, en las que quienes debieran ser considerados como alumnos, han perdido prácticamente esa condición, ya que desde dos abriles detrás permanecen cerradas las escuelas. Poco que no es otra cosa que colaborar, no ya solo en clausuras escolares, sino en una rescisión verdadero de todo futuro.

Debemos dejar claro, entre tanto, que nos abstenemos de efectuar toda calificación o evaluación acerca de la forma en que se comportan, quienes así actúan, ya que en este tipo se acciones puede hallarse una extensa variedad, la que va del incentivo sustentado en motivos no sólo razonables sino plenamente justificados, hasta la presencia de la perturbación desnuda y manifiesta. Como además pasamos por parada toda remisión que justificadamente podría hacerse, vinculada esta vez, con los daños al tejido social y la actividad económica, generadas por circunstancias como las mencionadas.

Todo lo cual acaece, mientras el sedicente “Estado presente”, permanece “falto”, esquivándole el bulto a lo que sucede y a la admisión de las responsabilidades que le caben, cuando no en lo sucedido, al menos en sus consecuencias.

O sea “un dejar caer, en espacio de utilizarlas” a las potestades conexas a sus responsabilidades. Haciéndose el desentendido con respecto a reclamos que no tienen otro destinatario que no sea el Estado mismo, aunque más no sea de una forma indirecta.

Donado que consiente en que se llegue a la desnaturalización de aquello que cerca de considerar como “una bono directa” admisible, en la medida que se las ve distorsionarse, al tomar como instrumentos de esas medidas a educandos y sus familias, a empresarios grandes y pequeños, o residentes en distintas zonas de nuestro país.

Por otra parte, debe no pasarse por parada que estos “brotes de rebeldía” –no otra cosa significan estos verdaderos “desafíos a la autoridad, a los que ésta simula no ver- mal que le disguste a la verborragia oficial, pueden, llegado un momento, pasar el peligro que se transformen en una “alzamiento”, de pertenencias imprevisibles. Y que respecto a impedir su eventual concreción, deberíamos desde ya, estar prevenidos, sobre todo mediante el comportamiento concreto y abrumadoramente mayoritario, de lo que hace un buen ciudadano, al mismo tiempo que logra transformarse en ello.

Y es en ese sentido, que no puede subestimarse, sino efectuar una valoración inversa, respecto a la aire de padres con hijos en momento escolar que han comenzado por organizarse. Primero en forma supuesto o sea a través de las redes sociales, y de allí seguir avanzando en una institucionalización que no necesariamente tiene que dejar de ser laxa, pero que de cualquier forma exige un exiguo de disposición precaria de carácter formal reclamando, para los suyos, clases presenciales.

Todo ello, donado que no se puede menos que agregar esas actitudes, así como los comportamientos que son su consecuencia. Primero, por cuanto se proxenetismo de una clara muestra de reacción frente a ese “estado de resignación” al que nos referíamos al principio. Y posteriormente, ya que acciones de este tipo, en nadie se parecen a las movilizaciones en torno a consignas difusas y por lo mismo impracticables como era la de “que se vayan todos”.

Lo que aquí se ve, es una muestra de la importancia de sumar esfuerzos en torno a metas concretas y sanas. Poco que se constituye en una demostración de que estamos aprendiendo de tantas fallidas experiencias, y que al ir reasumiendo nuestra ciudadanía de una forma plena y responsable, se está encendiendo para nuestro futuro una luz de esperanza.

La que por otra parte, solo será plena, cuando transformemos primero en consigna y luego en bono ese “no olvidarse de los que nos necesitan”, que nadie puede ignorar son muchos entre nosotros.

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