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Towla 24

Gregor Mendel: cómo un monje con un jardín de arvejas descubrió las leyes de la herencia genética

mayo 2, 2021
  • Redacción
  • BBC News Mundo

1 hora

Fuente de la imagen, Science Photo Library

Pie de foto,

Mendel reveló las leyes estadísticas de la herencia y postuló la existencia de una pelotón de la herencia que ahora se claridad gen.

“Mendel es un espectro cotilla de la historia”, escribió, en su característico estilo poético, el escritor comprobado Loren Eiseley.

“Sus asociados, sus seguidores, están todos en el próximo siglo. Sin secuestro, si queremos entenderlo a él y la forma en que rescató al darwinismo del olvido, debemos recorrer el extenso camino de regreso a Brünn en Moravia y pararnos entre los guisantes en un huerta tranquilo”.

Parémonos entonces con ese fraile agustino llamado Gregor Mendel en el huerta del monasterio en la convento de Santo Tomás de Brünn, Margraviato de Moravia (hoy Brno, República Checa) en 1856, quien para ese entonces tenía 34 primaveras.

Para ese entonces ya estaba cultivando Pisum sativum, más conocidas como arvejas o guisantes.

Lo hacía por curiosidad. Mendel quería memorizar cómo se transferían los rasgos de una concepción a la sucesivo, así que se propuso investigar los patrones de herencia.

No era el primero en estudiar el tema, ni siquiera el primero en escoger las arvejas como su sistema maniquí principal (un organismo que facilita que un investigador indague en una cuestión científica en particular).

arvejas

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto,

Las arvejas se siguen utilizando en la investigación genética.

Los guisantes son ideales para este tipo de investigación adecuado a su rápido ciclo de vida y la producción de montones de semillas. Adicionalmente pueden autofertilizarse, fecundando las flores femeninas con el polen de las masculinas en la misma planta, una técnica que se utiliza con el fin de obtener un género puro.

Pero Gregor Mendel hizo poco que nadie más había hecho.

“Su gran preeminencia fue ser el primer biólogo en contar las cosas. Otros se habían interesado en la herencia pero Mendel descubrió que podía usar leyes aritméticas sencillas para registrar cómo ciertas características pasaban de una concepción a otra”, le dijo a la BBC Steve Jones, profesor de genética en la University College London y autor de varios libros, entre ellos “Casi como una ballena: el origen de las especies actualizado”.

Fue eso lo que le permitió deducir los principios secreto de la herencia.

Poco a poco

Mendel comenzó separando las plantas que producían guisantes arrugados de los lisos y brillantes, las de flores blancas de las malva, las de vainas verdes de las amarillas, las que crecían más detención de las más bajitas y otras tres características más.

7 caracteristicas de Mendel

Fuente de la imagen, Mariana Ruiz Villarreal

Cultivó cada una separada por generaciones hasta ganar especímenes puros —aquellos en los que la descendencia era idéntica a la de la planta hermana—, por ejemplo, una crencha en la que todas fueran altas y otra en la que todas fueran bajas.

Luego, empezó a cruzarlas y a registrar cómo heredaban los rasgos; así descubrió que había patrones muy similares para las siete características.

Encontró que una característica —como ser incorporación— siempre ocultaba otra —ser bajita— en la primera concepción, y les puso nombre: la visible era el plumazo dominante; la oculta, el plumazo recesivo.

Planta alta + planta baja = planta alta

Fuente de la imagen, Adaptado de Mariana Ruiz Villarreal

Pero al autofecundar esa planta hija de las dos desiguales, el plumazo recesivo aparecía, aunque en una minoría de las arvejas de las segunda concepción.

Es más, la relación era de 3:1.

Planta alta autofecundada = 3 altas y 1 bajita

Y comprobó encima que las características se heredaban de forma independiente.

Así, lenta y sistemáticamente, Mendel elaboró ​​la ley básica de la herencia y tropezó con lo que más tarde se describiría como la pelotón fundamental de la vida misma… el gen.

En 1865 presentó los hallasgos de sus experimentos con casi 30.000 plantas de arvejas en la Sociedad de Historia Natural de Brünn, que los publicó al año sucesivo bajo el título “Experimentos en hibridación de plantas”…

En 1868, Mendel se convirtió en prior de su monasterio y dejó de flanco en gran medida sus actividades científicas.

Falleció en 1884, sin memorizar que unas décadas más tarde se convertiría en una de las más grandes leyendas de la historia de la ciencia.

De la oscuridad a la luz

En 1900, tres botánicos europeos —Hugo De Vries (Holanda), Carl Correns (Alemania) y Erich Von Tschermak (Austria)— estaban trabajando en sus propias investigaciones sobre la herencia.

Cada uno, independientemente, buscando información sobre el tema, encontraron a Mendel y se dieron cuenta de cuán valiosa era su obra.

Jardín de la abadia

Fuente de la imagen, Science Photo Library

Pie de foto,

El huerta en el que todo sucedió.

Más tarde, la unión de Mendel y Charles Darwin, una pareja perfecta que nunca se conoció, dio a luz la síntesis evolutiva darwiniana de las décadas de 1930 y 1940: los biólogos evolucionistas se dieron cuenta de que las leyes de herencia de Mendel podían explicar cómo la selección natural podía hacer que los rasgos beneficiosos fueran más frecuentes y eliminar los negativos.

Y, finalmente, la investigación de Mendel se convirtió en la piedra fundamental de la genética.

“La genética es una ciencia asombrosa, pues es la única que le debe su origen a una sola persona, Gregor Mendel. El origen de todas las otras ciencias se remontan cientos de primaveras a espaldas y se deben a muchas personas”, apunta Jones.

Su breve tratado que había sido pasado por detención durante décadas paso a ser considerado como “uno de los triunfos de la mente humana”, según Stern y Sherwood, “un acto de máxima creatividad” que “sigue vivo como ejemplo supremo de experimentación científica y profunda penetración de datos”.

Eso a pesar de que, como escribió Eiseley, “Gregor Mendel tuvo un destino extraño: estaba destinado a comportarse una vida de carne y hueso dolorosamente en Brünn y otra, la vida intelectual con la que soñó, en el siglo sucesivo.

Sus palabras, sus cálculos salieron en un revoloteo tardío repentino de los oscuros volúmenes similares a tumbas para escribirse en cientos de pizarrones universitarios, y residir en innumerables cabezas”.

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