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El espolón de Cefeo: Científicos españoles descubren una nueva región de la Vía Láctea | Ciencia

mayo 1, 2021

Un equipo de investigadores del Centro de Astrobiología de España (CAB) acaba de presentar el carta de estrellas de la Vía Láctea más preciso del que se tiene registro hasta la término. En este plano celeste, que se construyó sobre todo con las observaciones del telescopio Gaia de la Agencia Espacial Europea, se pueden ver con claridad tres de los grandes brazos espirales de estrellas que componen nuestra galaxia: el de Orión, donde está el sistema solar; el de Perseo, emplazado en el borde exógeno de la Galaxia, y el de Sagitario, en torno a el centro de la Vía Láctea. Durante su investigación, el orden de científicos del CAB, liderado por Michelangelo Pantaleoni González y Jesús Maíz Apellániz, descubrió una estructura oculta a la que bautizaron como espolón de Cefeo.

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Pantaleoni, un pipiolo investigador que sin ocurrir terminado aún el escalón de Física ya es autor de seis publicaciones en las revistas de anciano impacto de su campo, cuenta que esta nueva región es un “puente de estrellas masivas azules que se extiende por un cabo de 10.000 primaveras luz de distancia y sale del rama helicoidal de Orión para conectar con el de Perseo”. Según refiere, el espolón de Cefeo no se había conocido antiguamente porque no existía un catálogo sideral tan detallado. “En el carta sideral que hemos trazado, que es la modernización del catálogo ALS (de Alma Luminous Stars) y tiene 20.000 objetos celestes clasificados, se observa una sobredensidad de estrellas en un espacio que antiguamente estaba aparentemente infructifero”, explica.

Los resultados del trabajo, publicados recientemente en la revista británica Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, demuestran que el espolón no es una adscripción casual de estrellas sino una estructura compacta que parece tener movimiento consistente. Incluso, dice Pantaleoni, comprobamos que toda la estructura está ubicada levemente por encima del disco sideral, a unos 300 primaveras luz de cumbre sobre el plano medio de la galaxia. Se cree que esta diferencia de cumbre se produce por una especie de corrugaciones que se han observado en otras galaxias vecinas pero que hasta hace poco no se había conocido en la Vía Láctea. “Posiblemente sean oscilaciones del disco sideral resultado de la convulsa progreso de la galaxia, quizás sean los ecos de colisiones con otras galaxias hace miles de millones de primaveras o quizás sea poco más”, dice el investigador.

La franja de puntos amarillos, que está entre el rama de Orión (cerúleo claro) y el de Perseo (Rojo), es el espolón de Cefeo. M. Pantaleoni González, J. Maíz Apellániz, R.H. Barbá y B. Cameron Reed.

Las estrellas azules masivas que componen el nuevo espolón, llamadas por los astrofísicos estrellas OB, son las más grandes, más escasas y de anciano temperatura de la galaxia. De los 400.000 millones de estrellas que se estima hay en la Vía Láctea, menos de una entre un millón es una fortuna OB. Son de alguna forma una “enfermedad rara”, dice Pantaleoni. Mientras la superficie de una fortuna como el Sol se encuentra a unos 5.500 ºC, las estrellas OB superan los 30.000 ºC y tienen decenas de veces su masa. Los investigadores explican que la relación entre la temperatura de un objeto y el color en el que resplandece se candela ley de Planck. “Si calentamos un trozo de carbón a más de 1.000 ºC empezaremos a ver que brilla con un color rojo indeterminado. Si calentamos nuestra ascua más y más çalcanzará la temperatura del Sol y brillará en un color blanco amarillento y si seguimos conseguiremos que el color de ese resplandor sea cerúleo”, explica Pantaleoni. Y bromea: ”Hay chistes por ahí sobre astrofísicos quemándose las manos en los baños públicos por no entender el código de colores de los grifos”.

Apellániz y Pantaleoni afirman que las estrellas OB son los objetos más interesantes en el universo porque las reacciones nucleares que ocurren en su interior son particularmente violentas. Esto las convierte en las mayores fábricas de principios pesados. “Los principios de los que está hecho nuestro planeta, como el silicio o los átomos de fósforo en nuestro ADN, provienen en su mayoría del interior de estrellas de este tipo que murieron hace miles de millones de primaveras”, cuenta Pantaleoni. Adicionalmente, las estrellas azules masivas son los detonantes de grandes brotes de formación sideral. Cuando una fortuna OB muere libera una enorme energía en forma de supernova, que comprime el gas interestelar a lo espléndido de varios primaveras luz. Este gas comprimido alcanza temperaturas muy altas y es la almohadilla para la formación de nuevas estrellas. “Una fortuna OB puede, con su asesinato, dar vida a cientos de estrellas como el Sol”, dice Pantaleoni.

Sin secuestro, para los científicos del Centro de Astrobiología de España lo más relevante de estas estrellas OB es que tienen vidas extremadamente cortas. “Algunas tan pronto como llegan a existir un par de millones de primaveras, cinco mil veces menos de lo que vivirá el Sol”, explica el investigador. Y sigue: “Esto significa que no pueden ocurrir cambiado mucho su posición en la galaxia. Casi siempre las encontramos cerca de las regiones de formación sideral, donde la galaxia está activa, está viva”. Por eso este descubrimiento ayuda a entender la forma en que nacen las estrellas. “El nuevo espolón muestra cómo se mantiene la producción de nuevos principios y cómo se recicla la materia en el universo”, explica Pantaleoni, “en última instancia está directamente relacionado con la formación de planetas en otras estrellas y con la almohadilla química de la vida”.

Rodolfo Barbá, coautor del artículo y profesor de Astrofísica de la Universidad de la Serena en Pimiento, compara este trabajo de creación de mapas galácticos con los planos de la tierra que se hicieron en la Ilustración. “No podemos destinar sondas espaciales ni a las estrellas más cercanas, pero estamos sondando las costas de la Vía Láctea utilizando la luz que nos llega desde los faros lejanos que son las estrellas OB”.

De acuerdo con Barbá, estamos en la era de exploración de nuestra galaxia, enfrentándonos a los mismos debates y problemas de los grandes viajes de exploración de los siglos XVI y XVII. “En las expediciones cartográficas de otros tiempos, la península de Quebranto California parecía separada del continente gabacho hasta que se obtuvieron suficientes datos para demostrar que no era una isla. Ahora estamos debatiendo si el rama sideral al que pertenece el Sol conecta en algún punto con los otros brazos o si está solo en una isla”.

Pantaleoni cuenta que durante el proceso de investigación hubo muchos momentos emocionantes. “El instante del descubrimiento del espolón es rara. No fue una revelación explosiva, pero sí hubo poco interiormente de mí que se transformó. Es lo que te engancha y lo que da sentido a tanto esfuerzo”, dice. Y añade: “Estábamos delante del ordenador de Jesús [Apellániz] cuando él empezó a sospechar de una sobredensidad de puntos en el carta. Corrí a hacer un diagrama específico para ver si era consistente con la idea de que ahí hubiera una estructura, y apareció”.

A pesar de las dudas iniciales, confiesa Pantaleoni, los argumentos fueron apilándose a auxilio de que hubiera de hecho un puente entre los brazos de Orión y Perseo. “Fue Jesús, mi mentor, el que le dio el nombre de espolón de Cefeo. Sin él nunca hubiera vislumbrado la importancia de ese momento”. El pipiolo investigador que alterna sus clases en la universidad con el trabajo en el CAB explica que Apellániz tiene un método de investigación inusual. “En vez de sacar conclusiones generales sondando miles de datos, examina caso por caso. Esta forma de trabajar al estilo “artesanal” es ineficiente si se buscan cosas evidentes, pero es extremadamente productiva cuando se búsqueda descubrir pistas sutiles de lo que la naturaleza nos muestra. Para Jesús cada fortuna OB es diferente y diría que conoce detalladamente a cada una de ellas”, concluye Pantaleoni.

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