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Towla 24

“De repente tenemos cuatro fallecidos, uno tras otro, con paros simultáneos”: el crudo testimonio de una enfermera en el centro de la pandemia en Chile

abril 27, 2021
  • Fernanda Paúl
  • BBC News Mundo

1 hora

Fuente de la imagen, Macarena Piñeda

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Macarena Piñeda tiene 28 abriles y lleva seis trabajando en la Posta Central, uno de los recintos de emergencia sanitaria más importantes de Pimiento.

Macarena Piñeda tuvo a su cargo a quien sería una de las primeras víctimas fatales por covid-19 en el Hospital de Necesidad Presencia Pública, más conocido como Posta Central, en Santiago de Pimiento.

La enfermera de 28 abriles la vio expirar cuando casi nada había información sobre un extraño virus que provenía de la lejana ciudad china de Wuhan.

Un año y medio luego, le explica a BBC Mundo cómo ha sido reñir con la enfermedad y la homicidio en uno de los lugares más saturados de pacientes covid graves del país sudamericano.

A pesar de que se ha hablado sobrado sobre las características del virus y de la carga sindical del personal de salubridad en el mundo, hay muchos detalles desconocidos para quienes no trabajan en ese esfera.

En este artículo, Macarena Piñeda entrega un crudo relato sobre la costura que debe hacer diariamente para intentar liberar a sus pacientes descompensados y, en caso contrario, de la agotadora tarea post mortem que contempla.

Lo que sigue, es su relato en primera persona.

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Disputar con la homicidio

Nosotros estábamos acostumbrados a tener pacientes críticos, pero la pandemia dio un transformación en 180 grados.

La covid-19 es una enfermedad muy traicionera. Nunca sabes cómo los pacientes van a reaccionar y, de un minuto a otro, se pueden descompensar.

No hay duda de que la segunda ola ha sido mucho peor que la primera. No sé si los pacientes están llegando tarde o el bicho está siendo más virulento, más catastrófico, pero están presentando exámenes muy malos.

Macarena Piñeda

Fuente de la imagen, Macarena Piñeda

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La enfermera chilena normalmente tiene a tres pacientes a cargo al día. Radicar la enfermedad desde el centro de urgencias de Santiago, la hacienda chilena, ha sido un trabajo extremadamente duro.

Normalmente, yo tengo tres pacientes a cargo. Cada dos horas, tengo que cambiarlos de posición. La carga sindical ha aumentado demasiado.

No tenemos tiempo ni siquiera para ir al baño, para desayunar o engullir. Recién a las 5 de la tarde puedo comer poco. Es que la formalidad de mover a un paciente covid es muy entrada y, si dejas de mirarlo, puede que se descompense de un segundo a otro.

De repente tenemos cuatro fallecidos, uno tras otro, con paros simultáneos, entubaciones… los médicos y las enfermeras tenemos que dividirnos. Eso es poco que ayer no pasaba regularmente. Ahora tienes que ganar con una energía superior porque si no, no te da para trabajar 24 horas.

Lo pacientes con covid están pronados (boca debajo), entonces es muy complicado tratarlos. Requiere a mucho personal, tener seis luceros en el instructor y seis luceros en el paciente. Si cae en paro, tienes que voltearlo para hacerle un amasamiento.

Siempre tenemos que estar preparados para lo peor.

Si correctamente nosotros estamos más familiarizados con la homicidio, el proceso que uno tiene que hacer post mortem en el caso de la covid-19 es muy caótico, muy triste.

Introducir a un paciente en una bolsa mortuoria es lo más chocante que he hecho en mis seis abriles de carrera.

Tú lo pones en la bolsa y ese paciente no sale más de ahí. Va con su nombre encima de esta bolsa a cuerpo patológica y de ahí directo al féretro. Y no se abre más, se sella, y sus familiares no vieron su carita, nunca más.

Ataud en Chile

Fuente de la imagen, Getty Images

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El personal de salubridad tiene la costura de introducir los cuerpos en bolsas murtuorias por miedo al contagio.

Para mí eso es terrible. Es muy angustiante, triste por todos lados.

Nosotros tenemos que contener a la familia exterior del hospital. Te ruegan poder entrar para poder abrazar a sus familiares muertos. Y yo qué más daría para decirles que sí. Pero lamentablemente no puedo. El protocolo no lo permite. Eso es lo más angustiante del proceso.

Al final eres tú la que tiene que plañir al paciente, tocarlo, leerle cartas o mostrarle audios mientras sus familiares se despiden a través de una puerta.

Y hay familia que necesita despedirse, que tiene que producirse por el proceso de verlo; es parte de su duelo. A mí me encantaría ayudarlos, pero no puedo.

Una relación cercana

Cuando un paciente está agonizante, trato de no me separarme de él. A nadie le gustaría expirar solo, por eso no me muevo de su flanco.

Les doy la manito, les hago cariño, me gusta que sientan una presencia al flanco. Pienso que quizás los ayudo a expirar más tranquilos.

Que se te muera un enfermo habiéndolo cedido todo es muy frustrante. Porque por otra parte muchas veces ese paciente estuvo estable durante un buen tiempo y, de repente, se descompensa.

Todos te dicen: ‘bueno, pero es parte de tu trabajo’, pero nadie sabe lo que es estar positivamente adentro de esa sala y ver cuando se te muere un paciente luego de poseer hecho todo para salvarlo.

Enfermera le da la mano a un paciente de covid-19.

Fuente de la imagen, Getty Images

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“Les doy la manito, les hago cariño, me gusta que sientan una presencia al flanco de ellos. Quizás los ayudo a expirar más tranquilos”, dice la enfermera chilena.

Nosotras, las enfermeras, somos las que más conocemos al paciente; cómo se comporta, qué es lo que positivamente le hace correctamente, cuál es la posición en la que el paciente se descompensa. Y todo eso lo sabes porque pasas todo el día frente a él.

Tenemos un compromiso con ellos; les lavamos el pelo, le curamos las lesiones. Es un trabajo muy aleccionador.

A veces, ves que los exámenes del paciente empeoran y le tienes que proponer: ‘oye, sabes qué, tus exámenes no van correctamente, te vamos a tener que sancionar, no estás respirando de la forma correcta’. Y muchos se sienten consumado.

En ese momento, los jóvenes son los que sienten más miedo, quizás porque sienten la homicidio más lejana.

Hay quienes escriben cartas, intentan fijar videos o le mandan audio a los familiares… porque es tan complicado prometerle a ese paciente que va a retornar a despertar, que prefieren despuntar a despedirse.

Este virus es tan traicionero, que no sabes nadie. Ni siquiera nosotros tenemos esa certeza.

Delirio

Posteriormente de una larga sedación, hay algunos enfermos a los que les cuesta más retornar. Usualmente a los pacientes de covid-19 se les debe sancionar para que el gracia les llegue a los pulmones, lo que hace el proceso para despertarlos aún más difícil.

Incluso, ciertas personas pueden ganar a intentar el trastorno del delirio, un estado de cambio mental que genera confusión e intranquilidad.

paciente entubado

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Usualmente a los enfermos de covid-19 se les debe sancionar para que el gracia les llegue a los pulmones.

Los pacientes con delirio sienten que todo el mundo está en contra de ellos.

Muerden el tubo, se lo intentan sacar, es complicado. Son súper agresivos y muchas veces tenemos que intentar calmarlos entre varios. Porque contener a un paciente que mide 1,80 centímetros y pesa 100 kilos no es liviana.

Le decimos: ‘Mire fiel, usted está hospitalizado, lo estamos despertando, tranquilícese, le queremos sacar este tubo de la boca, sabemos que le duele la gaznate. Pero si sigue así, vamos a tener que sedar de nuevo y retroceder’.

Pero un paciente con delirio no te audición mucho. Lamentablemente muchas veces se tiene que producirse a lo farmacológico porque no logran entender. Y ahí los medicamentos ayudan a tener un despertar más tranquilo.

Una lucha solitaria

Estoy cansada. Estamos todos cansados. Yo ya no veo ni leo parte.

Familiares esperan a pacientes

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Macarena Piñeda dice que una de las cosas más difíciles de su trabajo es contener a los familiares de sus pacientes enfermos.

Porque todos los días es lo mismo: que aumentaron los casos, que se viene lo peor. Y yo lo estoy viviendo, entonces ¿para qué voy a seguir viendo parte? Prefiero no hacerlo, por sanidad mental.

No entiendo a la familia que organiza fiestas clandestinas o se saltan el toque de queda.

A esas personas, les digo: a lo mejor quieres juntarte con tus amigos, pero yo he gastado a familias hospitalizadas, a mamás perdiendo a sus hijos. Ellos creen que no les va a producirse pero pasa, y pasa mucho. Hay jóvenes que matan a sus abuelos, matan a sus papás solo porque querer estar un rato con sus amigos.

Muchos creen que esto es un diversión, pero me encantaría invitarlos un día para que vean cómo se comporta la enfermedad para que le tengan un poquito más de respeto.

La covid-19 ha puesto en evidencia la desigualdad, tanto en el sistema de salubridad como en la vida diaria de las personas. Sabemos que los más humildes, la familia más insuficiente, es la que está perdiendo la batalla en esta pandemia.

El rico se hace más rico y el insuficiente se hace más insuficiente. Y yo sé que hay personas que necesitan trabajar y salir a la calle. Entonces yo los entiendo. Lo que no entiendo es saltarse el toque de queda, hacer fiestas clandestinas.

Creo que hay algunos súper inconscientes. Y es un pequeño esfuerzo; si no, no vamos a poder salir nunca de esta pandemia.

Vacunación en Chile

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Pimiento ha sido uno de los países que más ha vacunado a su población en el mundo. Sin bloqueo, esto no evitó un resistente aumento de los contagios.

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