Saltar al contenido
Towla 24

Cuba sigue sin noticias de Biden sobre giro en relaciones bilaterales

mayo 4, 2021

América Latina y el Caribe, Democracia y Política, Destacados, Geopolítica, Las elegidas de la redacción

Usuarios esperan en el foráneo de una oficina en La Habana de Película del Oeste Union, la empresa estadounidense de gobierno de remesas, en octubre de 2020. La compañía aguarda que se oriente la medida que la obligó a cerrar sus más de 400 sucursales en Cuba en noviembre del año pasado, por el endurecimiento de las sanciones por parte de Donald Trump. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 4 may 2021 (IPS) – Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos permanecen tan deterioradas como las dejó el expresidente Donald Trump y las declaraciones públicas sugieren que el nuevo deshielo será menos audaz de lo deseado por los defensores de que se fiordo una etapa de mejores vínculos.

Al traspasarse los primeros 100 días en la Casa Blanca del presidente Joe Biden, que inauguró su mandato el 20 de enero, se evaporaron las expectativas de quienes pronosticaron para ayer de esa vencimiento simbólica al menos el anuncio de la revés al diálogo entre Washington y La Habana.

El gobierno de Trump frenó la mayoría de los acuerdos del breve proceso de restablecimiento de relaciones bilaterales (2015-2017) promovido por el demócrata Barack Obama, aprobó más de dos centenares de medidas que golpearon la maltrecha patrimonio cubana y retomó la política de la confrontación doble.

El que fuera vicepresidente de Obama (2009-2017) prometió como candidato presidencial que desmontaría “las políticas fallidas de Trump que han causado daño en los cubanos y sus familias (y que) no ha hecho ausencia para promover la democracia y los derechos humanos”.

Pero hasta ahora “Biden ha sido totalmente indistinguible de Trump en la política y los mensajes en dirección a Cuba”, valoró en un tuit el 23 de abril Ben Rhodes, exconsejero adjunto de Seguridad Franquista de Obama y quien lideró las negociaciones secretas que propiciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas en 2015.

El contemporáneo gobierno demócrata ha enfatizado que las relaciones con Cuba, sometidas a revisión, no constituyen una prioridad para la política foráneo de Estados Unidos.

El 11 de enero, ya con un pie fuera de la Casa Blanca, Trump clavó su última puntilla contra Cuba al incluirla en la tira de Estados patrocinadores del terrorismo, hacedor que apuntala la persistencia de sanciones y paraliza el acercamiento.

Por otra parte de concentrarse en sus acuciantes prioridades nacionales, las causas de la “inacción” de la dependencia Biden respondería a la correlación de fuerzas en el Congreso parlamento, donde en el Senado hay un igualada entre demócratas y republicanos y la Cámara de Representantes cuenta con débil mayoría demócrata.

Eso dificulta el avance de cualquier ley, más sobre este país insular caribeño que se mantiene como un espinoso tema parlamento hace décadas.

“El presidente no puede transferir a ningún de los senadores, incluido Robert ‘Bob’ Menéndez (demócrata), que ha hecho de las sanciones contra Cuba un acto de fe”, explicó el politólogo Arturo López-Levy, profesor asistente de Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Holy Names, en el estadounidense estado de California.

Banderas de Cuba y Estados Unidos conviven dentro de un taxi en La Habana. Las autoridades cubanas reiteran su disposición a discutir con Washington sobre derechos humanos y otros temas en condiciones de igualdad, así como establecer una relación civilizada, de beneficio mutuo, sobre la base del respeto a la independencia, soberanía y no injerencia. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Banderas de Cuba y Estados Unidos conviven interiormente de un taxi en La Habana. Las autoridades cubanas reiteran su disposición a discutir con Washington sobre derechos humanos y otros temas en condiciones de igualdad, así como establecer una relación civilizada, de beneficio mutuo, sobre la almohadilla del respeto a la independencia, soberanía y no injerencia. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Menéndez, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la cámara suscripción, “es el senador líder de la reforma migratoria, una de las principales promesas y prioridades de la dietario legislativa demócrata”, dijo a IPS vía electrónica el versado en relaciones entre los dos países, desde la ciudad de Berkeley.

López-Levy aludió asimismo a “la desolación que dejó en el conspiración antibloqueo el desplome del género Engage Cuba que no logró articular, ni al final de la dependencia Obama ni en los cuatro abriles de Trump, una maquinaria política hábil para contrarrestar a los partidarios del aislamiento y las sanciones”.

Surgida en junio de 2015, Engage Cuba se define como la principal coalición de compañías y organizaciones estadounidenses enfocadas en mangonear en el Congreso para eliminar las restricciones de viajes y el retención contra La Habana, que Washington mantiene desde 1962.

En marzo, durante una audiencia en presencia de ese Comité de Relaciones Exteriores, el secretario de Estado, Antony Blinken, se comprometió a consultar cualquier cambio de política en dirección a la isla con la comunidad cubanoamericana, que cuenta con tres senadores y siete congresistas alineados con la política de recorrido dura en dirección a La Habana.

Estudios ilustran la heterogeneidad de posturas políticas de los 1,3 millones de cubanoestadounidenses, con segmentos que respaldan desde relaciones comerciales y diplomáticas plenas; la flexibilización solo de medidas relacionadas con viajes directos, remesas y cesión de alimentos y medicinas, hasta otro género partidario de las sanciones y el congelamiento diplomático.

Funcionarios de la contemporáneo dependencia enfatizan que el enfoque de la política en dirección a Cuba priorizará “el apoyo a la democracia y los derechos humanos”, tema donde los dos países no encuentran consenso, como no lo encontraron durante el deshielo en los dos últimos abriles de la dependencia Obama.

Aeronaves de empresas estadounidenses en la terminal 3 del aeropuerto internacional José Martí, en La Habana, en septiembre de 2017. Desde diciembre de 2019 Washington limitó a este aeródromo los vuelos directos desde Estados Unidos. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Aeronaves de empresas estadounidenses en la terminal 3 del aeropuerto internacional José Martí, en La Habana, en septiembre de 2017. Desde diciembre de 2019 Washington limitó a este aeropuerto los vuelos directos desde Estados Unidos. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

El noticia de 2020 del Unidad de Estado sobre Derechos Humanos, publicado el 30 de marzo, señaló al gobierno cubano de restringir las libertades de expresión, asociación, religión o creencias y movimiento.

El 5 de abril, el cubano Tarea de Relaciones Exteriores convocó al Encargado de Negocios estadounidense en La Habana, Timothy Zúñiga-Brown, para trasladarle el rechazo por el documento que consideró “injustificado”, “autónomo”.

Incluso lo acusó de “alegaciones e imputaciones que faltan a la verdad” y han servido “durante abriles como pretextos para la promoción de acciones hostiles y la imposición de medidas económicas coercitivas”.

La Habana califica al aislamiento, la denominación interna del retención estadounidense, como el viejo violador de los derechos humanos de la población cubana. Ello, porque dificulta la importación de alimentos y medicinas y acumula pérdidas para la patrimonio circunscrito de más de144 400 millones de dólares, según datos oficiales.

El gobierno de Cuba ha reiterado su disposición a discutir sobre estos temas en condiciones de igualdad, así como establecer una relación civilizada y mutuamente beneficiosa con Washington, pero sin injerencias ni vulneraciones al principio de soberanía.

Durante décadas, sectores políticos estadounidenses obviaron mejorar las relaciones mientras hubiera un Castro en el poder, no sucedieran modificaciones en el sistema político unipartidista o se liberalizara la patrimonio, condiciones inaceptables para las autoridades de la isla y contrarias a la Constitución.

Varios legisladores demócratas de Estados Unidos durante una visita a La Habana en 2018. Un firme cabildeo de los Comités de Acción Política de las dos cámaras legislativas de Estados Unidos podría ser decisivo para impulsar una nueva era en las relaciones con Cuba. Foto: Jorge Luis Baños /IPS

Varios legisladores demócratas de Estados Unidos durante una encuentro a La Habana en 2018. Un firme conspiración de los Comités de Influencia Política de las dos cámaras legislativas de Estados Unidos podría ser cardinal para impulsar una nueva era en las relaciones con Cuba. Foto: Jorge Luis Baños /IPS

Del 16 al 19 de abril, durante el VIII Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC), único justo en este país de 11,2 millones de habitantes, Raúl Castro, de 89 abriles, entregó formalmente el cargo de primer secretario de la estructura, luego de tener dejado la presidencia dos abriles ayer.

Con la salida de los dirigentes que encabezaron la revolución de 1959 se concretó el traspaso de poder a políticos más jóvenes, encabezados por el presidente Miguel Díaz-Canel, de 61 abriles, y que ahora igualmente pasó a encabezar el PCC.

Aunque el cónclave avaló el maniquí crematístico de crecimiento socialista, igualmente se pronunció por blindar los sectores cooperativo y privado como complementos de la patrimonio centralmente planificada.

Para el economista Omar Everleny Pérez Villanueva, las reformas económicas en Cuba iniciadas en 2011 deben avanzar a viejo ritmo y demostrar resultados concretos, independientemente de la dependencia de turno en Washington.

“Las señales de crecimiento crematístico y la aniquilación de barreras al sector no estatal, incluyendo la aprobación de las pequeñas y medianas empresas privadas o cooperativas, entre otras medidas, permitirán a Estados Unidos y otros países mirarnos con otros fanales”, argumentó Pérez Villanueva en diálogo con IPS.

A su motivo, la diáspora cubana podría convertirse en un hacedor de presión en Estados Unidos para mejorar las relaciones si se concretaran reclamos de larga data como la reducción de los costos de los pasaportes, extender su vencimiento a 10 abriles sin carestia de prórroga y conservar la residencia sin importar el tiempo de estancia en el foráneo, hoy menguado a 24 meses.

Podrían sumarse “mecanismos bancarios para atraer remesas, mediante pagos de interés atractivos o la posibilidad de capitalizarlas; igualmente la posibilidad de que las y los cubanos en el foráneo inviertan en fondos raíces en la isla, especialmente en viviendas nuevas o aprobarles inversiones como hacienda 100 por ciento extranjero”, reflexionó Pérez Villanueva.

En opinión de López-Levy, el género de legisladores de origen cubano “no es un conspiración robusto en comparación con la mayoría de los Comités de Influencia Política en Estados Unidos. Su principal fuerza está en la desarticulación de sus oponentes”.

Delante indicios de crecimiento crematístico sostenido en Cuba, “y un interés por negocios en la isla del lobby agricultor, o de las industrias de turismo y viajes en Estados Unidos, el género cubanoamericano no tiene ni talento político, ni peso dorsal, ni mosca para resistir presiones bipartidistas” a amparo del acercamiento, valoró el politólogo.

ED: EG

 

(function() {
var _fbq = window._fbq || (window._fbq = []);
if (!_fbq.loaded) {
var fbds = document.createElement(‘script’);
fbds.async = true;
fbds.src=”http://connect.facebook.net/en_US/fbds.js”;
var s = document.getElementsByTagName(‘script’)[0];
s.parentNode.insertBefore(fbds, s);
_fbq.loaded = true;
}
_fbq.push([‘addPixelId’, ‘443189699154214’]);
})();
window._fbq = window._fbq || [];
window._fbq.push([‘track’, ‘PixelInitialized’, {}]);
(function(d, s, id) {
var js, fjs = d.getElementsByTagName(s)[0];
if (d.getElementById(id)) return;
js = d.createElement(s); js.id = id;
js.src = “http://connect.facebook.net/en_US/sdk.js#xfbml=1&version=v2.5”;
fjs.parentNode.insertBefore(js, fjs);
}(document, ‘script’, ‘facebook-jssdk’));

Configuración