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Towla 24

Cuando la ciencia se une: el año del contagio científico

mayo 1, 2021

El 10 de enero de 2020, cuando no había transcurrido todavía un mes desde el paciente cero en Wuhan, científicos chinos realizaron la primera secuenciación genética del virus que causa el Covid-19. En ese momento la enfermedad ni siquiera tenía nombre ni siquiera se había decidido golpear Sars-CoV-2 al agente patógeno. Contra todos los historial y a una velocidad inesperada, se logró identificar la estructura interna del flagelo que hasta hoy mantiene a la población mundial en un compás de incertidumbre, crisis y, en los peores casos, tragedia.

Al mismo tiempo que el Covid-19 comenzaba a expandir su sombra por el mundo, cientos de científicos en parte importante del orbe decidieron realizar una carrera desde el costado opuesto del campo de batalla, uniendo voluntades y capital como nunca ayer. Identificar el genoma es el primer paso para conocer al enemigo y se sabe que las guerras las ganan quienes mejor detectan las fortalezas y debilidades de sus oponentes. En este caso la batalla ha sido rápida y con tácticas frenéticas, sin demasiado espacio al memoria y la táctica.

Los ejemplos de colaboraciones en el planeta sobran: de acuerdo con la revista Nature, las universidades de Australia destinarán mil millones de dólares a la investigación en 2021. Ese país ha sido uno de los modelos del mundo en contención y manejo de la pandemia, ubicándose en la cara opuesta a Estados Unidos, donde al menos durante la despacho de Donald Trump la imagen de la ciencia era más perfectamente secundaria: ver las continuas desautorizaciones que el entonces Presidente republicano le propinaba su principal asesor en salubridad, el doctor Anthony Fauci, era una rutina de las parte semanales y hasta diarias.

En la nación del ideal al menos se privilegió un plan de rescate crematístico de 2.300 millones de dólares, monto que puede poseer estado en desmedro de la inversión científica. No deja de ser sintomático que quienes primero responden y nunca bajan la custodia a nivel de investigación acostumbran a sortear mejor la tormenta. No está demás recapacitar que los que pusieron en andana la secuencia genética un día posteriormente del hallazgo del 10 de enero eran científicos australianos y chinos.

23/04/2021 VACUNACION CESFAN COMUNA DE LO ESPEJO Mario Tellez / La Tercera

Según informó esta semana la Ordenamiento Mundial de la Lozanía (OMS), ya se han administrado mil millones de vacunas en el mundo. Eso sí, Estados Unidos y China concentran la parte de esas dosis. En este atlas mundial y según los números de Our World in Data de la Universidad de Oxford, Pimiento se ubica entre los primeros 10, específicamente en el puesto 8, con un 41,6% de la población que al menos ha recibido una dosis. A la hora de las dos dosis, el país sube al segundo puesto, con 33,8%, detrás de Israel, que tiene el 58,7%.

En Pimiento, la asociación entre diferentes organismos comenzó ayer incluso del primer brote del Covid-19 el 3 de marzo de 2021. La doctora Claudia Saavedra, docente de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y presidenta de la Sociedad de Microbiología (Somich), participó de las primeras gestiones al respecto. “En enero del año 2020, unido con la Sociedad de Bioquímica, le escribimos una carta al Empleo de Ciencia y Tecnología (Mincyt) para ponernos a su servicio y poder colaborar en todo lo que fuera posible. Ya en febrero esto se hizo sabido y lo distintos laboratorios comenzaron a realizar testeos en todo el país”, explica.

La experiencia de la Red de Laboratorios Universitarios, conformada por 33 organismos, se extendió hasta diciembre asociada al Mincyt. “En ese momento, los laboratorios más productivos y asociados a lugares importantes del país fueron traspasados al Empleo de Lozanía (Minsal)”, agrega la microbióloga de la UNAB.

Aunque la actividad en conjunto es basal en la ciencia (“los investigadores debemos, por naturaleza, anunciar los resultados y contrastarlos”, dice la doctora Saavedra), en esta oportunidad hay un evidente cambio en relación a lo que normalmente se hacía en Pimiento. O al menos en relación a la intensidad y velocidad con que se hacía. Paralelamente a la creación de la red, se desarrolló un consorcio de varias universidades en el país para la prueba de vacunas.

El doctor Miguel O’Ryan, médico de la Universidad de Pimiento, miembro del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia y líder de los ensayos de la vacuna Janssen de Johnson & Johnson en el país, lo analiza en estos términos: “Tengo 30 abriles de experiencia en la investigación y creo que estamos viviendo un momento inédito en nuestra disciplina. Lo he vivido en carne propia y me atrevería a aseverar que es una auténtica revolución en la investigación biomédica en Pimiento. No hay precedentes al respecto, sobre todo si consideramos que se comercio de trabajos autogenerados, espontáneos, todos desarrollados en un período de al punto que un año”.

El profesor de la U. de Pimiento igualmente especifica la dinámica de trabajo bajo las condiciones de la crisis sanitaria. “Somos en torno a de 10 universidades en el consorcio y nos juntamos por lo menos cada 15 días para ir compartiendo experiencias y hasta ensayos clínicos. Esto es totalmente nuevo en el país”. Y aclara qué acontece con asuntos como los celos profesionales y las competencias tradicionales pre-pandemia: “Todos los investigadores siempre estamos motivados por hacer nuestros hallazgos y por anunciar primero que otros, pero en esta oportunidad hemos dejado a un costado los intereses personales o institucionales para allanar el camino a la colaboración. Puede poseer una sana rivalidad histórica entre la Universidad de Pimiento y la Universidad Católica, pero eso no importa ahora. Tanto el doctor Alexis Kalergis, de la UC, como yo, somos parte del Instituto Milenio. Nos toca murmurar casi todos los días”.

Fue equitativamente el doctor Alexis Kalergis, director del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia, quien dirigió los estudios de la primera vacuna en Pimiento contra el Covid-19, la CoronaVac de los laboratorios chinos Sinovac. “El rápido avance en el expansión de vacunas contra SARS-CoV-2, resulta de un trabajo irrefutable, clínico y regulatorio de gran asociatividad y colaboración”, comenta el clásico de la Universidad Católica.

“Pero igualmente importan los esfuerzos gubernamentales y la disponibilidad de financiamiento para su expansión. Esto es el reflexiva de una faena mancomunada para encontrar pronto soluciones a la pandemia que estamos viviendo, así como el ir comunicando de guisa activa los avances”, añade, no sin machacar el coeficiente de la motivación: “Los procesos científicos asociativos y colaborativos son más estimulantes para el expansión y la formación de jóvenes científicas y científicos, quienes están haciendo aportes notables en la búsqueda de soluciones para la pandemia”.

El llamado consorcio de universidades es una iniciativa que al mismo tiempo permite monitorear y entregar respuestas de acuerdo a lo que pasa en todo el país. Lo que puede servir en Santiago no necesariamente funcionará en Atacama o Puerto Montt. “Desde hace mucho ayer de la pandemia, desde el año 2011 más o menos, en el situación del debate sobre la educación superior, ya se había tomado la osadía de que en un país pequeño como Pimiento era mucho más valiosa la colaboración que la competencia entre universidades”, afirma el doctor Flavio Salazar, vicerrector de Investigación y Progreso de la Universidad de Pimiento y director adjunto del Instituto Milenio.

En otras palabras, nadie se puede dar el boato de investigar solo. Hay enfermedades específicas donde se necesitan aportes de todos lados. “Para las investigaciones sobre el cáncer de vesícula biliar, desde hace suficiente tiempo hemos creado redes de trabajo unido a la Universidad Católica, la Universidad de la Frontera de Temuco (UFRO) y la Universidad Austral de Valdivia (UACH). Esta enfermedad tiene una entrada incidencia en la población de origen mapuche y se concentra en las zonas de Los Ríos, la Araucanía y Los Lagos. Pimiento tiene una masa crítica pequeña de investigadores y no hay ninguna universidad que por sí misma pueda dar respuesta a todos los fenómenos locales”, explica Salazar.

En el contexto de la pandemia, las universidades regionales se movilizaron en este gran consorcio franquista y así es como, por ejemplo, en la UFRO de Temuco se comenzó a realizar el estudio de la vacuna CanSino, que es dirigido por los académicos Fernando Lanas y Sergio Muñoz. “Muchos de nosotros nunca habíamos estado trabajando en un esfuerzo colaborativo de estas características. Por el contrario, nos desempeñábamos de guisa aislada, en nuestra región”, dice el investigador Sergio Muñoz.

Científicos del equipo de Ébola del software PREDICT recolectan murciélagos en África. Foto: Jaber Belkhiria/Universidad de California en Davis.

El doctor en Bioestadística contrasta por otra parte con la verdad de su zona: “La región de la Araucanía es la más escueto de Pimiento, con servicios de aprieto muy al divisoria y una cuarentena que no logra los resultados esperados. En ese sentido, la información y los datos que logremos nosotros acá son muy valiosos para todo el país”. El estudio de la UFRO de la vacuna CanSino es, según Muñoz, la que cuenta con más voluntarios en el país, superando las 3.500 personas.

“No creo en esa dicotomía de científicos buenos y políticos malos en esta emergencia mundial. Los investigadores no son ajenos a lo que pasa en el mundo ni a la política”.

Doctor Flavio Salazar

Desde Valdivia, las asociaciones se han desarrollado a nivel universitario, pero igualmente con privados. La Secretaria Regional Ministerial (Seremi) de Ciencia y Tecnología de la Macrozona Sur, Olga Barbosa, cuenta una particular experiencia. “Se desarrolló un software de vigilancia activa que se claridad Vigía, a cargo de un equipo liderado por el doctor Claudio Tormento de la Universidad Austral. Se realizaron en establecimientos con mucha población reunida, entre ellos los hogares de ancianos o las cárceles y se lograron resultados muy precisos a través de testeos con PCR. Para esto se llegó a tener el apoyo financiero de 600 millones de pesos de la ordenamiento de privados Reactivemos Los Ríos. En este momento los principales clientes de esta iniciativa de la UACH son las empresas de la zona. Lo interesante es que es una alternativa híbrida, con financiamiento estatal, clásico y privado”.

La doctora en Ecología Olga Barbosa recalca que, por otra parte, los laboratorios de la UFRO en Temuco, la UACH en Valdivia y la Universidad San Sebastián en Puerto Montt se asociaron para colaborar con las salmoneras Mowi y Aqua Pimiento.

El ministro de Ciencia, Andrés Couve, destaca que la comunidad científica del país ha hecho “una gran diferencia” en cómo ha respondido Pimiento a la pandemia, y que su “espíritu de colaboración y el trabajo con el mundo sabido y privado ha sido admirable”.

“A través de distintas iniciativas el conocimiento y el talento circunscrito han contribuido a la comprensión del virus y su impacto, y a la concepción de redes y capacidades que servirán igualmente para otras emergencias”, acentúa el secretario de Estado.

En el año y un mes que ha pasado desde que la OMS decretó la pandemia, se ha perfilado de guisa particular el rol de los científicos e investigadores en el concierto mundial. Su trabajo ha sido vertiginoso y a contrarreloj, siempre privilegiando la faena comunitaria, aunque no necesariamente con una recibo abierta de parte de las autoridades y los tomadores de decisiones. El conocido historiador y divulgador israelí Yuval Harari sostuvo en febrero en el folleto The Financial Times que el 2020 fue un año de logros científicos y fracasos políticos.

Es probable que aquel madurez estuviera guiado por el ejemplo de Estados Unidos. Según la vistazo del doctor Flavio Salazar, la cuestión no es un problema de al punto que dos dimensiones, no es en blanco y infausto. “No creo en esa dicotomía de científicos buenos y políticos malos en esta emergencia mundial. Los investigadores no son ajenos a lo que pasa en el mundo ni a la política a pesar de que tal vez no sean totalmente conscientes de ello. Lo que yerro es que los científicos se politicen y que los políticos basen sus estrategias en la evidencia y la verdad”, comenta.

Desde ICOVID Pimiento, iniciativa de académicos y profesionales que agrupa a la U. de Pimiento, U. Católica y U de Concepción con la colaboración el Mincyt y Minsal, el doctor Cristóbal Cuadrado tiene un diagnosis difícil sobre el vínculo de científicos y políticos. “Ha variado de país en país. Hay casos emblemáticos de muy buena sincronía, empezando por Nueva Zelandia. En Alemania igualmente, donde la política de la canciller Merkel ha considerado muy activamente al mundo irrefutable en la toma de decisiones. En el otro extremo están el Estados Unidos de Trump y el Brasil de Bolsonaro. En mi opinión igualmente me parece que en Pimiento las voces de los investigadores han sido desoídas. Con esto final me refiero a que en Pimiento ha existido una excesiva politización de la pandemia, manejado con las lógicas partisanas de un costado a otro”.

El llamado consorcio de universidades es una iniciativa que al mismo tiempo permite monitorear y entregar respuestas de acuerdo a lo que pasa en todo el país. Lo que puede servir en Santiago, no necesariamente funcionará en Atacama o Puerto Montt.

La relación de los investigadores con los políticos es crucial en la medida que los presupuestos y los capital siempre partirán desde las decisiones de los últimos. Hace 20 abriles se producían vacunas en Pimiento y hoy no. La Universidad de Pimiento tiene un plan de creación al respecto en el Parque Purista Carén y la Universidad de Antofagasta igualmente trabaja en la misma dirección. Cualquier viabilidad y éxito dependerá del compromiso del Estado y en ese sentido hay opiniones diversas.

El doctor Sergio Muñoz, de la UFRO, estima que es factible, mientras que el médico Miguel O’Ryan de la U. de Pimiento prefiere perseverar cautela. “No me parece que sea tan costoso o difícil en términos financieros. Desde el momento en que las vacunas se logran crear, la manufactura del producto se puede resolver en países como China o India, abaratando los costos”, puntualiza Muñoz. “No es asistir y producirlas. Es una tarea de altísima complejidad que implica desde la buena extracto para ser aceptado internacionalmente hasta la colaboración con otros organismos. De lo contrario la costo-efectividad no es óptima”, concreta O’Ryan.

Pero cualquier discusión al respecto solo tiene sentido si es que hay espaldas económicas que sostengan los esfuerzos. En Pimiento, la ciencia sólo cuenta con el 0,38% del presupuesto franquista frente a el 2,4 promedio de los países OCDE o el 4% de Israel y China. El doctor Salazar asta una alerta: “Hay varias peleas pendientes. A pesar de la evidencia de la importancia de la investigación científica, la ciencia ni siquiera está en el debate de las micción del país. En un año de elecciones casi no se menciona la investigación entre las propuestas de los candidatos”.

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