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Colombia: La reforma, el paro y el pico | Opinión

abril 27, 2021

Miembros de la industria del entretenimiento protestan en Medellín contra las medidas para predisponer el coronavirus.Luis Eduardo Noriega A. / EFE

En Colombia confluyeron en pocos días varios hechos que han puesto patas hacia lo alto el debate político doméstico. Por un flanco, una reforma tributaría presentada por el Gobierno doméstico y respaldada por la longevo parte de la coalición de derecha radical que gobierna Colombia, aunque no por todos los sectores. La puesta en estampa de la propuesta de reforma fue de las peores, ya que se filtró de a pocos. Luego, el Gobierno sin explicar muy adecuadamente utilizó una táctica de chantaje, diciendo que si no se aprobaba no habría plata para programas sociales. Al final, la reforma seguía favoreciendo a los más ricos y el recaudo se hará, en lo fundamental, sobre el sector medio y asalariado.

Lo segundo que sucedió es que Colombia ha entrado en lo peor del tercer pico de la pandemia, tal vez el más dispendioso y mortífero. Por varios días, los reportes de personas muertas han superado los 420 registros diarios. Nuevamente hay cierres parciales, miedos e imágenes dolorosas sobre la saturación del sistema retrete. Esos han sido los titulares de prensa.

En tercer división, surgieron dos encuestas en las que el balanceo es sencillo: las fuerzas alternativas suben asaz y la coalición de derecha parece tener muchos problemas. Obviamente, para algunos analistas esto causará un impacto de pánico en los sectores ricos y la clase política tradicional frente a los números tan altos del precandidato de izquierda Gustavo Petro. Lo que a su vez llevaría a una situación de una gran coalición de todos contra Petro. Para otro sector de analistas, en las encuestas se muestra el descontento en torno a el Gobierno de Duque y el propio uribismo es el mejor cabecilla de campaña de Petro.

El posterior de los hechos es que la coalición de Gobierno en el Congreso de la República, por cuenta de la propuesta de reforma tributaria, está haciendo agua. Textualmente, estalló. Todo esto en medio de acusaciones sobre clientelismo por parte del Ejecutante para ganarse el voto de algunos senadores y el cálculo de los directores de partido del costo electoral que tendría el aprobar dicha reforma.

Con un Gobierno con la imagen por el suelo, un menoscabo de su gobernabilidad y una coalición que hace agua, los sectores de la competición elevaron mucho la puesta en el conjunto político: Convocaron un paro doméstico. Una gran movilización para, en teoría, demostrar fuerza en la calle y con ello terminar de despellejar el apoyo al presidente Iván Duque. La convocatoria fue hecha para este 28 de abril, la misma semana en que se calcula que Bogotá llegará a su nivel más stop de estrés en su sistema retrete.

El tema de fondo es que las manifestaciones serán, como se dice popularmente, una medida de fuerzas. Es sostener, el Gobierno doméstico planea establecer cuál es la fuerza de la convocatoria de los sectores de competición, y todavía del descontento social. Por ende, correcto al miedo por la pandemia, la convocatoria podría ser un seguro fracaso y, al final, eso terminaría dándole espacio al Ejecutante. En medio de esto, hay otras formas de protestar por otra parte de las marchas. Por ejemplo, se proponen cacerolazos como mecanismo variable. Sin bloqueo, los sectores de competición no se ponen de acuerdo en conciliar esas otras formas alternativas de protesta.

El Gobierno, por su parte, le puesta al fracaso de la protesta y conquistar con ello ciertos apoyos internamente del Congreso con algún impulso oficinesco, lo que se conoce popularmente como ‘mermelada’. Obviamente, el Gobierno no quiere salir derrotado de la reforma, ya se convirtió en un punto de honor. Hará lo posible por aprobarla, por otra parte, por las calificadoras de aventura. Así las cosas, todavía es una puesta arriesgada por parte del Ejecutante aprobar una reforma de esta forma, ya que el impacto electoral sobre su partido y los congresistas que la apoyen será demoledor. Pero todavía es arriesgado por el tema de la protesta social, hay mucho descontento y pasando el tercer pico, la calle podría ser el nuevo escena tolerante. Todos tiene apuestas muy altas.

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