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Towla 24

Colombia: Duque da marcha atrás | Opinión

mayo 3, 2021

El presidente de Colombia, Iván Duque.LUISA GONZALEZ / Reuters

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La osadía del presidente de Colombia, Iván Duque, de retirar la reforma tributaria tras las fuertes protestas de los últimos días muestra un problema nuclear de la convivencia franquista: la errata de consenso político para enfrentarse a la pandemia. La ley tenía como objetivo aumentar la colecta fiscal, pero por muy necesaria que fuese para atenuar el daño ocasionado por el coronavirus, resultaba por definición impopular. Sacarla delante requería de un enorme esfuerzo didáctico, altas dotes negociadoras y dar en el clavo con el momento adecuado. No ha sido el caso. En un país estragado por la pandemia, tan pronto como hubo consenso, el calendario estimado fue pésimo y la respuesta a las primeras movilizaciones, desmesurada. La retirada, luego, no deja de ser una medida comprensible. Pero pensar que con ello se ha conseguido un triunfo es equivocarse de plano. Los problemas que la reforma pretendía atenuar siguen ahí y no harán más que acrecentarse si no se toman medidas.

A Colombia le urge una ley que ayude a mejorar la distribución del ingreso y que active la recuperación de una hacienda que el pasado año se contrajo un 6,8% y que ha trillado aumentar desproporcionadamente su adeudo fiscal. En este sentido, no carecía de método el intento de mejorar la colecta por el IVA, actualmente desarbolada, y sobre todo, su compensación mediante un crecimiento de las transferencias monetarias en dirección a los hogares con menos fortuna, una cuerda que iba a beneficiar al 40% de la población. Obviamente, un plan de esta magnitud tenía importantes obstáculos sociales, entre ellos, su impacto en la clase media.

En caso de acontecer existido un consenso previo, esas dificultades hubieran sido la saco de la discusión. Pero a errata de esta todo se morapio debajo. El Gobierno se demoró demasiado en concretar la reforma, y sus titubeos aumentaron el malestar en un condición fagocitado por las ansias preelectorales. Ni siquiera hubo paz en las propias filas gubernamentales, como demostró que el presidente recibiera un zarandeo de orejas conocido del líder de su partido y mentor, el expresidente Álvaro Uribe.

La terrible situación de la pandemia ha tenido un peso esencial. El plan se presentó cuando la inmunización arrastraba un lamentable retraso y los contagios y las muertes se habían disparado. Defender en presencia de una población harta y empobrecida la reforma era una reto de suspensión aventura. Una respuesta policial desmesurada y el petición a la militarización enterró sus últimas posibilidades de supervivencia. Retirar la reforma ha servido para calmar esas agitadas aguas. Pero el interrogante financiero permanece. Inquirir una respuesta consensuada y realista al trastorno de las finanzas públicas debería ser un objetivo de la clase política. Aplazarla solo traerá más dolor para Colombia.

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