Saltar al contenido
Towla 24

Cine sobre cine  – La Crónica del Quindí­o

mayo 1, 2021

Autor : Carlos Wilmar López Rodríguez

La magnífica historia que relata cómo se construyó uno de los guiones más importantes de la historia.  

En 1941, el entonces debutante director Orson Welles estrenó una película que cambió la historia del cine norteamericano, un filme que marcó un antiguamente y un luego gracias a sus innovaciones visuales. Un largometraje que por muchos ha sido considerado como el mejor de todos los tiempos: Ciudadano Kane.      

Con tan solo 26 abriles de momento, Welles era considerado un saburía en el mundo del teatro —recordemos la notable acoplamiento radiofónica de La querella de los mundos que provocó una histeria colectiva entre los oyentes—, por esa razón la productora RKO le dio carta blanca para convocar a su equipo creativo, una de sus apuestas más interesantes fue la venida de un experimentado libretista de películas de serie B llamado Herman Mankiewicz.        

Precisamente, en la ceremonia de los Óscar de aquel año, Mank ganó —anejo al director— el premio a mejor guion llamativo, en una de esas injusticias increíbles de la sociedad fue el único examen importante que obtuvo la obra maestra.      

Para quienes no lo recuerden, Ciudadano Kane retrata la vida, cesión y caída de Charles Foster Kane, un personaje basado en el magnate de la prensa William Randolph Hearst, quien durante abriles utilizó su poder para descalificar el filme e incluso prohibió que se nombrara en sus periódicos, aun así, este se convirtió en un clásico que trascendió los tiempos y la censura.      

Entre las truculentas historias de Hollywood, alguna vez se difundió el rumor de que el serio saburía detrás de Ciudadano Kane, había sido Mankeiwicz, pero que Welles se había querido concluir con todo el crédito, pese a no merecerlo.    

En el 2020, David Fincher, uno de los grandes directores estadounidenses de las últimas 3 décadas, recordado por películas como La red social, Pérdida, Zodiaco, La chica del dragón tatuado, El club de la pelea y Siete pecados capitales, aprovechó un guion escrito por su padre (q. e. p. d.) y filmó para Netflix la película de cómo se construyó el guion del Ciudadano Kane, a partir de la historia Herman Mankiewicz, a la que le dio el nombre de Mank.    

Mank explora las tensiones creativas que había entre el director y el libretista desde que este llegó a los estudios de la Metropolitano Goldwyn Mayer, MGM a encontrarse con Welles.      

Una cinta densa que acento del paso de Helman por las distintas productoras, los conflictos de Hollywood en la época dorada del cine. Mank es la lucha de un hombre contra el mundo, incluso contra sus propios demonios, un perdedor en examen de librar su última batalla y que, aunque no es un héroe, ni un personaje de asombrar, por un momento en la vida sí merece percibir.  

Para ello Fincher, en una lance maestra, apela a las características del cine de la división de los 40: fotografía a blanco y cabreado —con un pesimista al que se le nota el espinilla—, un diseño de sonido espectacular —a pesar de ser monofónico—.    

Protagonizada por el gran Gary Oldman, Mank es una cinta de conflicto interno, que explora al protagonista a través de su suma al licor, sus relaciones amorosas, el elegancia de la época dorada del cine y sus frustraciones personales delante un mundo donde los grandes productores aprovechaban su poder para influir en la vida política y social de un país que, en 1940, estaba a pocos meses de ingresar a la Segunda Desavenencia Mundial.      

Todas esas experiencias de Mank desde su venida a Hollywood, sus sueños, expectativas y memorias se mezclan en el proceso creativo del Ciudadano Kane.      

Mank es una de esas películas que les encantan a los integrantes de la sociedad del cine norteamericano porque cuenta su época gloriosa, a pesar de que cuestiona el talento de un actor simbólico como Orson Welles, sin retención, en la ceremonia de los premios de la semana pasada, fue una de las grandes perdedoras, con 2 estatuillas de último trascendencia.    

  Más allá de las preferencias narcisistas o no, de la sociedad de Hollywood, Mank es una obra maestra, desde su puesta en estampa, su diseño de producción, sus grandes actuaciones y, sobre todo, por esa rima visual que hizo Fincher con la película con planos, fundidos y encadenados que parecen sacados del Ciudadano Kane.

Configuración