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Científicos españoles crean en China 132 embriones con mezcla de mono y humano | Ciencia

mayo 1, 2021

El equipo del irrefutable gachupin Juan Carlos Izpisua ha creado 132 embriones con una mezcla de células de simio y humano en un laboratorio de China, en unos controvertidos experimentos revelados por EL PAÍS en el verano de 2019 y comunicados con detalle oficialmente este jueves. Tres de estos embriones —simples pelotitas de hasta 10.000 células— llegaron a crecer durante 19 días fuera del seno, momento en el que los investigadores interrumpieron el estudio, financiado parcialmente por la Universidad Católica San Antonio de Murcia. La comunidad científica se refiere a estas estructuras como quimeras, en relato a los monstruos con individuo de arrogante, vientre de chiva y culo de dragón de la mitología griega.

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La revista especializada Cell, que publica los resultados, ha ilustrado el anuncio con una parábola de La creación de Dejado, el fresco de Miguel Aquel en la Capilla Sixtina en el que la mano del dios bíblico da vida al primer hombre de la tradición cristiana. En el nuevo dibujo, una mano de simio y otra humana parecen insuflar energía a un embrión variado.

Izpisua, nacido en Hellín (Albacete) hace 61 primaveras, recalca sin incautación que su seguro objetivo es la creación de quimeras de mugriento y persona, con la meta final de suscitar órganos humanos en el hato porcino. La Ordenamiento Mundial de la Salubridad calcula que se hacen unos 130.000 trasplantes al año en el planeta, menos del 10% de los necesarios. El investigador argumenta que “cada año mueren decenas de miles de pacientes en la relación de aplazamiento para un entraña”. Esos nuevos órganos paliarían el problema.

El reunión de Izpisua —del Instituto Salk, en La Jolla (Estados Unidos)— ya anunció en 2017 la creación de rudimentarias quimeras de mugriento y humano, en las que casi nada había una célula humana por cada 100.000 porcinas. Para entender este fracaso, atribuido a los 90 millones de primaveras de proceso que separan a estos animales y a las personas, el investigador gachupin decidió intentarlo con dos especies mucho más próximas: los monos y los humanos.

Los investigadores han utilizado óvulos de una decena de hembras de macaco cangrejero (un tipo de simio), los han fecundado con espermatozoides de la misma especie y, tras seis días de cultivo en el laboratorio, han obtenido 132 diminutos embriones, con 110 células animales cada uno. El equipo ha añadido a esas estructuras 25 células humanas, previamente reprogramadas con un cóctel químico para ser capaces de convertirse en cualquier tipo celular: piel, músculo, hígado, corazón. El resultado, 19 días luego de la fecundación, es una perla mixta de 10.000 células, con un porcentaje humano del 7% como mayor. Los experimentos se han llevado a término en el Laboratorio de Investigación Biomédica con Primates de Yunnan, una instalación con miles de monos en la ciudad china de Kunming.

Y no están a aparte de las críticas. La bióloga británica Christine Mummery, presidenta de la Sociedad Internacional para la Investigación con Células Raíz, alerta de que las quimeras de humanos y animales “están traspasando los límites éticos y científicos establecidos”. Su ordenamiento emitirá en mayo nuevas directrices para intentar respaldar la integridad de este tipo de investigaciones. Mummery, ya desde un punto de panorámica personal, duda de los argumentos ofrecidos por Izpisua para defender sus ensayos: “El resultado de los experimentos es interesante, pero testimoniar su realización en el contexto de la medicina regenerativa para suscitar órganos humanos en animales para trasplantes me parece un objetivo muy retirado”, apunta la bióloga, de la Universidad de Leiden (Países Bajos). A su madurez, había alternativas “éticamente más aceptables” que el uso de embriones de simio, como la utilización de animales evolutivamente más alejados de los humanos.

El jurista Federico de Montalvo, presidente del Comité de Bioética de España, se pregunta por qué los experimentos se han llevado a término en China: “¿Es porque científicamente están más avanzados o es porque éticamente están más relajados?”. A De Montalvo le preocupa el posible uso dual de estos avances científicos. “El objetivo contemporáneo es digno de aplauso, pero quizá habría que plantearse todavía si se puede utilizar para otros fines, como crear una especie de sujeto intermedio. El peligro es cascar un camino que puedan recorrer otras personas”, reflexiona este versado, al frente del mayor entraña consultivo del Gobierno gachupin en el campo de la ética científica.

El irrefutable chino Ji Weizhi, coautor principal del estudio, y el gachupin Juan Carlos Izpisua.Instituto Salk

A mediados de la lapso de los primaveras vigésimo del siglo pasado, el zoólogo ruso Ilia Ivanov, apoyado por las autoridades soviéticas de la época, se propuso obtener híbridos de chimpancés y humanos mediante la inseminación fabricado de las hembras. Ivanov llegó a correr a África occidental, a lo que hoy es Guinea Conakry, con la intención de capturar simios para sus experimentos, pero no logró ningún resultado en ellos.

La idea de una criatura medio humana y medio animal era ciencia ficción hace un siglo y lo sigue siendo, pero puede que en algún momento del futuro deje de serlo. Izpisua insiste: “No sabemos si los embriones de mono-humano serían biológicamente posibles, pero nuestro objetivo en la investigación de quimeras no es desarrollar nuevos organismos, sino comprender mejor el avance humano para obtener tratamientos para las enfermedades”.

El equipo del biólogo francés Pierre Savatier publicó hace tres meses un intento de crear embriones quiméricos de macaco y humano en su laboratorio de la Universidad de Lyon. Los investigadores lograron un mayor de 10 células humanas en estructuras embrionarias de simio con un total de 250 células y siete días de avance, según explica el bioquímico gachupin Manuel Serrano, que participó en el trabajo. Izpisua ha utilizado un cóctel químico diferente para inducir un estado exclusivo en las células humanas que implantó en los embriones de simio. Así ha rematado datar a embriones de 19 días con aproximadamente de un 7% humano. “Sus células funcionan espectacularmente correctamente”, afirma Serrano, del Instituto de Investigación Biomédica, en Barcelona. “La existencia es que Izpisua está rompiendo barreras. No vamos a tener órganos humanos crecidos en animales mañana, pero así es la ciencia. Vamos aprendiendo”, añade.

La bióloga polaca Inconsolable Zernicka-Goetz todavía cree que el nuevo trabajo es “una demostración impresionante” de la capacidad de las células humanas para integrarse en un embrión de macaco, pero advierte de la dificultad para controlar dónde van esas semillas humanas, que podrían matar en un entraña no deseado. Izpisua defiende que ya existen tecnologías para evitar que se formen neuronas humanas en el cerebro animal. “En el hipotético caso de poder suscitar un mugriento vivo con células humanas, podríamos impedir esos escenarios”, afirma el gachupin. Zernicka-Goetz, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), hace un citación a que la sociedad discuta “las implicaciones éticas” de estos experimentos.

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El biólogo gachupin Alfonso Martínez Arias opina que “era innecesario cascar esta caja de Pandora”. Su reunión en la Universidad de Cambridge produjo el año pasado, a partir de células embrionarias cultivadas en laboratorio, estructuras semejantes a un embrión humano de unos 20 días, sin la semilla que daría zona al cerebro. El investigador cree que estos seudoembriones de laboratorio son una alternativa a las quimeras de simio para estudiar el avance de los órganos humanos.

Martínez Arias, recién incorporado a la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, es muy crítico con los experimentos de Izpisua en China, “de dudosa ética” y “quebranto calidad técnica”. “Creo que no ha demostrado la viabilidad de estas quimeras”, señala el biólogo. “Este tipo de experimentos puede suscitar miedos injustificados en la sociedad y poner en peligro el trabajo de otros científicos que están intentando crear un entorno ético y admitido para investigaciones relacionadas”, añade Martínez Arias.

El jurista y médico Carlos Romeo, sin incautación, no ve “ningún problema” en esta grado de la investigación, siempre que los embriones no se implanten en un seno ni se cultiven en el laboratorio demasiado tiempo. “No tengo ningún reproche ético y no hay ninguna cojín para que estos experimentos deban estar perseguidos legalmente”, aclara Romeo, único miembro gachupin del comité de ética científica que asesora a la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen.

Romeo, catedrático de Derecho Penal en la Universidad del País Vasco, recuerda que en la lapso de los primaveras setenta se desarrolló el llamado test del hámster, una prueba para evaluar la fertilidad masculina en la que los espermatozoides humanos penetraban óvulos de hámster. “Se fecundaba un animal y nadie se escandalizaba”, subraya el jurista.

Izpisua, segundo por la derecha, con colaboradores de la Universidad Católica San Antonio de Murcia.Izpisua, segundo por la derecha, con colaboradores de la Universidad Católica San Antonio de Murcia.UCAM

La ley española, redactada en 2006, prohíbe la producción de híbridos de especies diferentes que incluyan material hereditario humano, pero hace una excepción jurídicamente confusa: “Excepto en los casos de los ensayos actualmente permitidos”. Romeo cree que los experimentos de Izpisua sí se podrían hacer en la Unión Europea. Las quimeras de mugriento y humano de 2017, de hecho, se hicieron en buena parte en Murcia. Dos de las coautoras de entonces, la bióloga Sino Núñez y la veterinaria Llanos Martínez, todavía han participado desde la Universidad Católica San Antonio de Murcia en la elaboración de las quimeras de simio y humano.

La investigación con embriones humanos sobrantes de las clínicas de fertilidad está sometida a una orientación roja internacional de 14 días, el momento del avance en el que supuestamente se crea el concepto del individuo: a partir de entonces el embrión ya no se puede dividir para dar zona a hermanos lentes. La bióloga española Marta Shahbazi y la polaca Inconsolable Zernicka-Goetz desarrollaron en 2016 un método para cultivar los embriones fuera del seno hasta ese linde de 14 días. El equipo de Izpisua ha ido más allá con los embriones quiméricos de simio y humano, hasta los 19 días, exacto antiguamente de que el sistema nervioso principio a desarrollarse.

Marta Shahbazi aplaude la nueva investigación. “Este estudio sí demuestra que se forman las quimeras. Parece que su sistema funciona y es válido”, señala. La investigadora, de la Universidad de Cambridge, cree que las estructuras quiméricas de simio y humano son “un sistema muy útil” para estudiar el avance incipiente. “Es una utensilio complementaria para comprender la biología básica”, reflexiona Shahbazi. Más tarde, esos conocimientos se podrían utilizar para retornar al mugriento y tener un maniquí de creación de órganos humanos en animales de hacienda. Eso sería ideal”.

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