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Towla 24

China y Estados Unidos por el clima | Opinión

abril 20, 2021

Transeúntes sobre una carretera llena de coches circulando en hora punta, este lunes en Pekín, China.ROMAN PILIPEY / EFE

Numerosos asuntos enfrentan a China y EE UU en esta era tecnológica y globalizada, desde la lucha comercial o el 5G a las graves violaciones de los derechos humanos por parte de Pekín, pero el mundo debe celebrar el consenso al que han sido capaces de comprometerse en la lucha contra el cambio climático. Los dos gigantes de la posesiones mundial, representantes de los dos polos políticos que hoy cuentan en el planeta, acordaron el fin de semana cooperar por la causa del calentamiento con la seriedad y emergencia necesarias. Ahora deben concretar pasos y calendarios en presencia de las inminentes citas internacionales convocadas sobre este asunto para remolcar así más voluntades.

En los últimos cuatro abriles se vivió un gravísimo revés en la lucha contra el cambio climático cuando Donald Trump sacó a EE UU del Acuerdo de París, por el que decenas de países se comprometieron en 2015 a modificar sus economías para delimitar la subida de temperatura a no más de dos grados con respecto a los niveles preindustriales. Más allá de números y objetivos, la codicia expresada en ese acuerdo implica una revolución en la forma de producción y consumo, con una renuncia a los combustibles fósiles en los que se ha basado la posesiones desde hace un siglo y medio y un cierto cambio de modelo. Mientras Washington emprendía ese cambio trumpista, antinatural desde el punto de horizonte de cualquier disección irrefutable válido, China empezó a dar pasos inversos: Xi Jinping se comprometía a conmover al pico de emisiones de carbono en 2030 y a la neutralidad en 2060. La venida de Biden a la Casa Blanca ha sido el punto de inflexión y ha generado el giramiento completo de EE UU, que ha regresado al Acuerdo de París y que dispone de un enviado exclusivo para esta causa, John Kerry, un solvente secretario de Estado con Obama que ha pasado tres días en Shanghái con su homólogo chino hasta conmover a este acuerdo. Un ejemplo de que el diálogo puede pirarse paso y cosechar buenas informativo a pesar de las diferencias.

Los dos países son los mayores emisores de dióxido de carbono del mundo, pero sus posiciones de partida son diferentes: China es hoy el principal, con un 28% del total, aunque su trayecto histórico es mucho pequeño. EE UU es el segundo, con un 15%, pero su responsabilidad —al igual que la de Europa— se remonta mucho más a espaldas. El compromiso de entreambos es secreto en un combate que requiere una columna internacional universal a la que Trump hizo un gran daño. China debe demostrar que su compromiso se traslada a hechos y que asume un liderazgo propio de una superpotencia, sin el discurso de un país en progreso, y EE UU debe demostrar que es capaz de proseguir en el tiempo su compromiso, más allá de quién esté en la Casa Blanca. Que entreambos hagan estos deberes hará más factible y veraz su compromiso climático.

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