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Towla 24

Cerrado por duelo – Opinión

mayo 1, 2021

En un ronco, paternalista, inaceptable, intragable, inconstitucional, libreteado, actuado y ensayado discurso, ayer el presidente Fernández cerró el país.  En algún punto junto a hacerlo. Hay numerosas razones para cerrar las puertas y colgar el siniestro cartelito de “Cerrado por duelo”, con el que antiguamente los negocios que existían en esa época explicaban esas clausuras por la crimen del dueño o de algún conocido cercano. 

Lo primero que terminó de matar Fernández es el derecho. Primerear a la Corte ayer de que se expidiese sobre su DNU que vencía anoche y que sepultaba la educación de CABA es un arbitrio de carancho de tribunales, harto conocido: cambiar el aparato forense para que el dictamen deje de tener validez y vincular a un nuevo amparo y a un sosegado nuevo dictamen del mayor tribunal. El nuevo DNU puente es más traidor e irrespetuoso que el mencionado, porque de paso, para embarrar el contorno, amenaza con hacer una ley del Congreso que le otorgue todavía más carta blanca. Un modo de paralizar a la Corte y de usar el mismo arbitrio dudosamente procesal que usó de modo permanente Cristina Kirchner en todos sus mandatos: el de alguna clase de emergencia, positivo o inventada. El peronismo ama la autocracia y odia el control republicano. Por poco se autodefine como movimiento, lo que le da comodidad ideológica y de conducta. 

Un derecho muerto

En el interior de los derechos muertos está preeminentemente el sencillo y casi sobreentendido derecho a la dispensa. El mandatario se arroga la potestad -que él presenta como un acto de bondad, como tantos tiranos providenciales- de atreverse sobre el patrimonio, la educación, el comportamiento, el bienestar y la vida de los ciudadanos. Aún el nefasto artículo 76 de la Constitución manoseada por Alfonsín y Menem y luego gamberreada por Cristina excluyen esa potestad de la canallesca excepción prevista para amojonar el convincente artículo 29 de la Carta Magna, que impide al Congreso, en defensa de la república, delegar poderes a cualquier dictador, que de eso se tráfico. 

Incluso se arroga, y se adueña de, la defensa de la sanidad y la vitalidad. O se escuda en ella. Y ahí, como acostumbra el Frente de Todos y ayer lo hacían sus diferentes primos y entenados, cae en la contradicción, la falsedad, la complicidad, la corrupción y la mentira. Porque análogo atropello dudosamente procesal debería, para tener visos de licitud, ir acompañado de un mea infracción, de la recepción y la condena a un ministro presospechado de horrores sanitarios, que encima se manejó con incompetencia y displicencia ayer y durante la pandemia, que dirigió el proceso decisional de la importación de vacunas –habrá que llamarle de algún modo– que descartó al proveedor de vacunas más exitoso y seguro, que toleró la batalla política de otros incompetentes del gobierno de amantes, que aún no ha explicado la gesta de la importación y producción de insumos, ni la errata de coordinación con los gobiernos provinciales, ni la errata de testeos, ni el acuerdo con Hugo Sigman y Astrazeneca, publicitado como el gol del triunfo en un Mundial, que tanto demoró la reacción del país, encima de costarle un 60% de un pago cuyo monto se ignora, encerrado en el secreto que suele ser el condimento secreto de toda corrupción. O condimiento. A menos que el ministro haya cumplido órdenes superiores. Lo que sería peor. 

Siquiera se ha explicado el acuerdo para fraguar localmente (dando crédito provisoriamente a lo informado) de la vacuna rusa, proceso que no se sabe cómo ha sido adjudicado, cuándo se dispondrá de los viales, en medio de nuevos cuestionamientos a la Sputnik-V y si se han comprometido erogaciones del estado con cualquier propósito y de quién es en serio la empresa. Como no se habló mas del capricho de negarse a tratar con Pfizer, casi un atentado contra la sociedad. Siquiera se palabra de los cientos de acomodos, arreglos, incompetencias, excesos en cuanto sector o sectorcito de la agencia se este una piedra, bajo la cual se encuentra mugre de toda índole de gentío lenta de caletre, pero rápidas para el retorno. 

Para resumir el punto, por todo eso el gobierno no tiene vacunas. Y no las tiene por su infracción, su error o su negligencia, para ser generosos. La desesperación por ese hecho, que no se atreve a aceptar, que pondría en evidencia todas las tramas, incapacidades y corrupciones, se advierte claramente en las medidas oficiales, más allá del fariseo tono intimista y radioteatrero de Fernández. La misma desesperación que lo lleva ahora a ponerse de hinojos frente a un capitalismo que despreció a los gritos. (Gritos en castellano, obvio) Las muertes por esa causa, más las producidas por los vacunatorios VIP, que sustrajeron más de cien mil vacunas de los hombros de quienes las necesitaban imperiosamente, pesa ya para siempre sobre otros hombros: los de los y las acomodados/as que se robaron esas dosis, o esas vidas, como se guste. 

Desbrozando la hojarasca discursiva, la vitalidad de la sociedad está a la deriva. El cerradura de Fernández y Kicillof es casi nada una defensa política, no un mecanismo taza. 

Un futuro peor

Incluso se ha asesinado el derecho de propiedad. Y con él a la caudal. Al impedir toda interacción humana, o limitarla hasta el sagacidad inverosímil, ser el dueño de una empresa, de un negocito, de un restaurant, un bar, de una pyme o un monotributista, un profesional o un independiente, ha pasado a ser un delito y un inverosímil. El economía, el caudal, el esfuerzo, el prestigio acumulado, la clientela, han ido desfalleciendo día a día hasta fallecer, como ocurre ahora. Lo que presagia un futuro todavía peor, con millones dependiendo más y más de la dádiva del Estado, prácticamente la desaparición del sector privado. Aparte que se trate de amigos o socios del kirchnerismo. La caudal privada sufre un cardenal de desenvoltura que se caldo ensayando en otros gobiernos peronistas, cuerpos del delito que están en las morgues del supremo de Preska o del CIADI. Otros, ocultos en alguna causa circunscrito que nunca se destapará para evitar el mal olor multipartidario. Ahora, cuando el extinguido llegaba casi nada a la orilla a brazadas desesperadas, este decreto lo empuja de nuevo con destino a la torbellino. 

Otra víctima tremendo de la cuchitril discursiva y sus medidas desesperadas es la poca credibilidad que aún podía inspirar el gobierno, y cualquier vestigio de seguridad jurídica. Sólo un valeverguista o un tramposo podría volver en Argentina, y en este postrer caso, con crédito o subsidio del Estado, como proporcionadamente se conoce. Es factible comprender que en esta heroica gesta destructiva asimismo se fueron la educación privada y el sistema de medicina prepaga seguro, (no el de cómplices gubernamentales) que ya no volverán, y que, si volvieran, serían casi nada zombies. 

Rematar la república

Aunque resulte obvio y reiterativo, asimismo se vuelve a matar a la República, en una especie de obligación de rematarla varias veces, para que no haya posibilidad alguna de que resucite análogo enemigo de los tiranos. La ecuanimidad, la independencia de los legisladores, el manejo subjetivo del reglamento interno de las cámaras, el hurto constituyente para forzar a que las leyes no necesiten mayoría alguna y que sean bulas presidenciales, se vuelven a enarbolar contra la sociedad. Y para rematar, nuevamente el intento de paralizar cualquier dictamen de la Corte con todo tipo de artilugios y ataques. 

Detrás de este paquete de DNU-Ley de apuro se está preparando un camino que la columna ya anticipó en otra entrega: la postergación indefinida de las PASO primero y de las elecciones de medio término a posteriori. Que en algún momento pareció una exageración de los opositores. Y que ahora, como tantos sospechaban que ocurriría, está a un paso de justificarse y de apropiarse a la maña en nombre de la emergencia, seguramente con la anuencia de la inocencia reiterada y sospechosa de la concurso. 

Y entre los cadáveres, habría que contar las chances del Director de Gobierno, Rodríguez Larreta, que se perdieron en la claudicación disimulada de ayer a la tarde, luego de su discurso en el que terminó apoyando y sometiendo a la Ciudad al arbitrio presidencial. Preocupado seguramente por defender la vitalidad de sus votantes, (poco de apuro) terminó apoyando a regañadientes las mismas medidas que hace 10 días cuestionaba, de lo que parece que sus fans no se dieron cuenta. (Sólo lo notan a posteriori, como el pescado que muerde el arponcillo) Tal vez la preocupación sanitaria le hace olvidar que su primera obligación es defender la autonomía, y no sólo con un arbitrio en presencia de la Corte. A la vez que pierde la gran oportunidad de mostrar un liderazgo que la ciudadanía del país demora para enfrentarse a la autocracia.  Su plan de usar a los porteros y administradores para espiar a sus empleadores, los consorcios, merece ser peronista. Acaban de fallecer un liderazgo y una oportunidad ayer de germinar. Incluso es procedente el duelo por esa causa. 

El Presidente, en este discurso y en otras ocasiones, se manifestó en contra de toda resquicio, de toda división entre argentinos. Pocas decisiones han colaborado más con la resquicio infranqueable que las explicitadas ayer a la mañana. No solamente por la brecha creada con la ciudad a la que desprecia el oficialismo sector Cristina -Kicillof, sino por el ataque devastador sobre la vida conocido, la escolaridad, la caudal de la calle, la afición de trabajar o de sobrevivir sin servir de una dádiva. 

Por esas paradojas del comportamiento de los pueblos, aunque el aumento de los casos y las muertes le den un argumento, el gobierno paga ahora el precio del manejo valeverguista de los insumos de la pandemia, y toda su incompetencia e improvisación en las cuarentenas, incluyendo la politización y el relato en que se incurrió. 

Fernández no cesa de repetir, con un estilo de golpeador que crispa los nerviosismo, que todo lo que hace es por el proporcionadamente de todos, para cuidarlos y protegerlos. Y que quiere dialogar. Pues no se dialoga por DNU, una prepotencia antijurídica. Y en estos temas, ni siquiera por leyes amañadas de la mayoría simple. ¿O esperan que se dialogue con Cristina?  

A la demora de alguna vacuna salvadora que llegue por casualidad, dádiva o queja, el gobierno cierra otra vez todo. Manden al pequeño nuevo a hacer el cartelito con cultura negras para colgar en la puerta.

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