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Towla 24

Abril mató a los tiranos, pero no a la tiranía – Opinión

mayo 2, 2021

Aquel 7 de abril en la plaza del Campidoglio, en Roma, una multitud vitoreaba a quien los venía gobernando desde hacía cuatro abriles. La adoración era tal, que resultaba casi ficticio moverse entre los enfervorizados manifestantes. Debió sentirse muy sola Violet Gibson al ver ese espectáculo. ¿Es que suerte toda esa multitud no entendía lo que pasaba? Como pudo y a duras penas, sin espacio y sin pulso sacó su Lebel y disparó tres tiros, quiso seguir disparando pero una de las balas se trabó y ya los adoradores del líder caían sobre ella. Sólo una de sus balas rozó la trompa de Benito Mussolini. De todos aquellos que atentaron contra el Duce mientras ostentaba un poder total, Violet, una frágil señora, fue la que más se acercó a su cometido, en ese abril de 1926.­

Abril, el mes de abril que se nos acaba de secar entre los dedos, invivido en la suspensión del chiquero perdurable y la déspota incerteza, es un excelente mes para memorar al herpes del fascismo, que cada tanto regresa. Es trascendental entender la forma en la que el fascismo comienza, urge memorar como se instala en las sociedades a fuerza de colectivismo, de extralimitación y delación, así como es indispensable memorar la forma en la que terminan sus líderes, si es que esas sociedades despiertan.­

Muchos abriles siguieron a la correr de Violet, se sucedieron los abriles en los que el mundo adoraba a Mussolini que predicaba: “El fascismo rechaza frontalmente las doctrinas del comprensión, tanto en el campo político como crematístico”. La era del fascismo cruzó océanos y quedó inscrita en el ADN de tantos y tantos políticos que, aunque se la crea muerta, mora entre nosotros.

IMITADORES EN TODAS PARTES­

­En 1922, Mussolini era un faro ideológico y político mundial al que le surgieron imitadores en todas partes. Las similitudes eran fáciles de revaluarse: el caudillismo absolutista, planificación central de la vida cívica y estatización de la capital son principios que se repiten y que, encima, son normalizados e institucionalizados. El nazismo teutónico de Hitler supera al músico, pero no se queda corto el New Deal de Roosevelt cuya mutua simpatía con Mussolini era correctamente conocida. En épocas de entreguerras, millones y millones de almas apoyaron la utopía colectivista en sus versiones doméstico, como el fascismo o internacional, como el comunismo. Casi nada unos abriles luego ambas utopías generarían una matanza nones imaginada.­

Desde el eclosión de 1945 las cartas estaban echadas. Pero hubo de ser abril, áspero e implacable, el que segara la vida del antiguamente todopoderoso Mussolini. Desesperado, sabiéndose perdido, evaluaba sus opciones de escape. Promediaba ese abril que le sería fatídico, cuando el Duce viajaba a Milán confiando en las artes diplomáticas del Metropolitano Schuster que organizaba inútiles negociaciones. 

El 18 de abril, ya en Milán, todo se acelera mientras Mussolini acudía a una reunión pactada por Schuster con la mediación cardenalicia que no es más que fracaso. En presencia de los concatenados fiascos y la frustración, el 19 de abril, decide cruzar con destino a Suiza pero mientras tanto, el 22 de ese, además estupendo, abril que todavía lo retenía en Milán proclama:­

`Nuestros programas son definitivamente iguales a nuestras ideas revolucionarias y ellas pertenecen a lo que en régimen demócrata se apasionamiento izquierda; nuestras instituciones son un resultado directo de nuestros programas y nuestro ideal es el Estado de Trabajo. En este caso no puede ocurrir duda: nosotros somos la clase trabajadora en lucha por la vida y la homicidio, contra el capitalismo. Somos los revolucionarios en investigación de un nuevo orden. Si esto es así, invocar ayuda de la burguesía agitando el peligro rojo es un incongruencia. El fantoche auténtico, el real peligro, la amenaza contra la que se lucha sin detener, viene de la derecha. No nos interesa en mínimo tener a la burguesía capitalista como aliada contra la amenaza del peligro rojo, incluso en el mejor de los casos ésta sería una aliada infiel, que está tratando de hacer que nosotros sirvamos a sus fines, como lo ha hecho más de una vez con cierto éxito. Ahorraré palabras ya que es totalmente superfluo. De hecho, es perjudicial, porque nos hace confundir los tipos de auténticos revolucionarios de cualquier tonalidad, con el hombre de reacción que a veces utiliza nuestro mismo idioma’.­­

CON LA AMANTE­

­El 25 de abril, disfrazado, comenzó la travesía en la que dejó a espaldas a su esposa, Rachele y a sus cinco hijos, pero se llevó a su mozo entusiasta Clara Petacci, la jovencita que siendo casi una pupila, había empezado a escribirle cartas de acto sexual luego del atentado que realizara Violet. Pero los partisanos el 26 del mismo tenaz abril, cortan los pasos, lanzados a la caza del tirano y detienen a su formación. Cuenta la cartel que lo delatan sus botas de gran calidad y un tabardo de la Luftwaffe, pero tal vez sea esto un mito en homenaje a la huída de Varennes. El 27 es oficialmente detenido por los agentes de El Comité de Permiso Doméstico Ingreso Italia (CLNAI). La captura se anunció en la radiodifusión:­

“Trabajadores, el fascismo ha caído. (…) El jerarca de esta asociación criminal, Mussolini, mientras estaba amarillo por el horror y el miedo al intentar cruzar la frontera suiza, fue arrestado. Tendrá que ser entregado a un tribunal popular para juzgarlo. Y para todas las víctimas del fascismo y para el pueblo italiano del fascismo arrojado a tal ruina, tendrá que ser ejecutado. Esto queremos, a pesar que creemos que para este hombre el pelotón de fusilamiento es demasiado honor. Merece ser asesinado como un perro rabioso”. ­

LAS IDEAS­­

Las ideas de Mussolini eran las que aprendió en su nubilidad socialista. La doctrina del fascismo era, en presencia de todo antiindividualista, una ideología que aceptaba al individuo sólo en la medida en que sus intereses coincidían con los del Estado, agente fundamental del progreso social y crematístico, y máxima expresión de bienestar colectivo. Como decía el mejor discípulo de Mussolini, Adolf Hitler: “Somos socialistas, somos enemigos a homicidio del sistema crematístico capitalista contemporáneo, porque explota al económicamente débil con sus salarios injustos, con su valoración del ser humano de acuerdo con la riqueza y la propiedad. y estamos determinados a destruir ese sistema bajo toda circunstancia. Las deposición de la sociedad vienen ayer que las del individuo”.­

Ludwig von Mises en El socialismo decía que en la Alemania fascista lo que había era un Estado socialista que era “la manifestación más pura y completa del espíritu anticapitalista y socialista de nuestro tiempo”. En todo el planeta surgían movimientos anticapitalistas inspirados por Mussolini. El mundo normativo y la prensa acompañaron el nefasto ideario de la época que se instalaba en lugares insospechados. El Estado por encima del individuo, y el Gobierno como timonel de la voluntad social fue una filosofía que se tradujo en un híper Estado “socialmente preciso que continúe erradicando todas las barreras sociales”, tal era lo que prometía el Führer, tratando de competir su admirado pensamiento fascista.­

 

CRUENTO FINAL­

Cuesta entender cómo fue que el mundo se enroló en esa imprudencia, que en unos pocos abriles fagocitaba a su ideólogo. El perdurable abril de 1945 se resistía a terminar, tal vez con actitud de ser testimonio del cruento final. Ese 28 de abril, Mussolini y Petacci fueron conducidos a Giulino di Mezzegra, un pueblo en la provincia de Como, se los acomodó parados frente a una hormaza de piedra donde los dos fueron ejecutados por el fuego de ametralladoras. Sus cuerpos recién acribillados fueron cargados en un camión que los llevó hasta la Piazzale Loreto. Fueron descargados en el adoquinado de la época de combustible de la Standard Oil donde pasaron unas horas siendo pateados, mutilados, orinados y disparados. Luego de esta trastada se los colgó de los pies, con un arpón de metal, del techo de una época de servicio.­

Quedó irreconocible el despojo humano de Benito Mussolini, el hombre que había inspirado el clima de una época y que había gobernado Italia al eclosión como primer ministro desde 1922. Un hombre al que las multitudes idolatraban y al que el rey Víctor Manuel III, (rey que abriles más tarde lo destituyó y apresó), llegó a ofrecerle títulos nobiliarios. Los estadistas del mundo lo imitaban y halagaban, el fascismo era un herpes cómodamente instalado en la civilización y en la decente de tanta multitud que resulta inmaduro pensar que con el pis y la saliva se lavaría la barbarie. 

Con esta ideología instalada, fue dictador a partir de 1925 afirmando al Estado como el depositario categórico del correctamente colectivo que justificaba toda crueldad y toda homicidio, extendiendo su intervención a la vida privada como parte del bienestar colectivo. Instaló a familia y fuego la doctrina de que mínimo puede existir fuera del Estado ni ir contra el Estado, concepto de singular vigencia.­

Las informativo del pavoroso final de Mussolini fueron transmitidas por radiodifusión, y en consecuencia escuchadas por Adolf Hitler el 29 de abril, resonaban los detalles en el reducto que se hallaba debajo de Berlín. Era el mismo 29 de abril en que se producía la rendición de las fuerzas alemanas en el Palacio Actual de Caserta en presencia de los delegados del Reino Unido, Estados Unidos, URSS y Alemania. El cenizas masacrado, tal vez determinó o tal vez sólo afirmó la intrepidez suicida del monstruo que el día 30 mordió la cápsula con el tósigo que clausuraría para siempre ese histórico abril.­

Y con el final de abril, concluía además la exhibición del cuerpo de Mussolini que fue entonces enterrado anónimamente bajo el número de tumba 384. Sin retención, quiso la ironía que un año luego, el 23 de abril, su cenizas fuese robado, comenzando un humillante derrotero de desmembración y descomposición que incluye altares, cajas y armarios. ­

En este abril que acaba de terminar se cumplen 76 abriles del fin de Mussolini y de Hitler. Asimismo se cumplen 95 abriles del atentado de Violet, que fue encerrada en un loquero y murió allí, pensando en esas imbéciles multitudes que abrazaban al fascismo, preguntándose ¿Quiénes eran en verdad los locos? 

Abril recuerda el aniversario de la homicidio de esos tiranos que, frente a una sociedad ovejuna y cómplice, se alzaron con la suma de los poderes públicos, con la prensa aplaudiéndolos, sin contrapesos y sin jurisprudencia. Asimismo las muertes de abril nos recuerdan que fue más hacedero combatir a esos tiranos que a sus doctrinas, que aún siguen vivas.

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